Compartir el Evangelio no es nada fácil.

¿Cómo puedo evangelizar a mis amigos, conocidos y familiares sin ofenderlos o alejarlos? Como cristianos, es muy probable que conozcamos a alguien en nuestra familia, o a un amigo, o compañero de trabajo o conocido que no es cristiano. Compartir el Evangelio con otros no es tarea fácil. Comunicar el Evangelio se vuelve aún más difícil cuando queremos involucrar a alguien cercano y quizás por temor al rechazo, la crítica o por ser ridiculizados abandonemos la “comisión”. En Lucas 12:51-53 las extrañas y confusas palabras que Jesús reveló, muchas veces acarrean conflicto. Él demanda respuesta, de modo que grupos íntimos quizás se disuelvan o separen. Algunos decidirán escucharnos, otros mu

"A Solas con Dios"

En otras oportunidades hemos mencionado la necesidad y la bendición de orar en cualquier momento sin importar donde nos encontremos. Así sea en un bus, yendo a trabajar, desayunando, en un consultorio médico, caminando o en el gimnasio. Sin embargo hay un tiempo de encuentro especial donde nos dedicamos a la oración íntima lejos de todo bullicio y distracción. Es esa oración donde sentimos la necesidad de estar a “solas con Dios”. Me refiero a ese “rinconcito especial de oración”. Es ese espacio donde mantenemos un profundo encuentro con el Altísimo. A solas, Él y yo, donde abrimos nuestro corazón a Dios y le confiamos nuestros más profundos anhelos y proyectos, nuestros temores y a

La higuera estéril - (IV Última Parte)

Dos características nos ayudarán a reconocer el “buen fruto” en nuestra vida El creyente que da fruto no es controlado por su entorno. Todos pasamos por pruebas y sufrimientos, pero quien tiene la llenura del Espíritu no pierde su fruto por circunstancias adversas. Mantiene su gozo, su paciencia y control, aun cuando las dificultades le abrumen. Si le hablan con dureza, responde con amabilidad. Puesto que el Espíritu Santo tiene el control, es libre para producir su fruto sin importar cuáles sean las circunstancias. A pesar de que como creyentes podamos sentir dolor, enojo o deseo de venganza, optamos por confiar en que el Señor nos protegerá y dirigirá el resultado. Recuerdo el fastidio y m

La higuera estéril - (III Parte) “En busca del buen fruto”

La higuera y el olivo han sido y son fuente de ingreso para los israelitas. Sus frutos se utilizan en hogares diariamente para alimento. La higuera, la cual tarda de dos a tres años en dar fruto luego de plantarse, es cosechada dos veces al año; a finales de la primavera y a comienzos del otoño. Cuando Jesús (Mateo 21:19) y el dueño de la viña (Lucas 13:6-9) se disgustaron con el árbol de higo, fue justamente por su falta de fruto. ¿Y por qué el enojo, el disgusto y desagrado por esa falta de “fruto”? El fruto es algo que crece y desarrolla partiendo desde la semilla, luego pasa a la raíz, al tronco, las ramas, las flores y por último se convierte en lo que llamamos fruto. El fruto nace d

La higuera estéril - (II Parte) “La paciencia de Dios no es eterna”.

Dios es “Clemente y compasivo…lento para la ira y grande en misericordia” (Salmo 145:8). ¡Sí! Dios es compasivo y paciente pero ¿cuánto dura su paciencia? Los escritores del Antiguo Testamento presentan a Dios como paciente, especialmente en su relación con los israelitas quienes constantemente pasaban de la obediencia a la desobediencia. Los profetas en el Antiguo Testamento dan cuenta de ello. Dios traía juicio a su pueblo, los perdonaba pero seguían desobedeciendo. Y así se repetía el ciclo; desobediencia, juicio, castigo y perdón. Cuando el pueblo obraba mal, el común denominador era la expiación de pecados mediante holocaustos a Dios, pero por el otro lado “…cada uno hacia lo que l

La Higuera Estéril - (I Parte) “El amor y la paciencia de Dios”

El amor y la paciencia han sido siempre características de Dios para con su pueblo. Y al referirme a “su pueblo” no lo limito al pueblo de Israel, sino a todos aquellos que hemos sido llamados, los que hemos sido injertados y adoptados sin haber nacido en la tierra prometida. Los que estamos dentro de la promesa que Dios hizo a Abraham en Génesis 15:5 cuando “…le dijo: Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas…Así será tu descendencia”. Somos parte de esa descendencia en donde todas las familias de la tierra serán benditas a través de él. (Génesis 12:2-3) Porque hubo un “…tiempo (en donde) estabais separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, ex

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