Cuando una oración llega al corazón de Dios (II Parte)

February 21, 2016

 

Quizás nos hayamos cuestionado en algún momento si es importante orar o no.  Puede que pensemos que es privativo de los santos y mártires.  O si vale el esfuerzo, ya que Dios está tan ocupado con todo lo que pasa en el mundo que lo más probable es que no tenga tiempo para escuchar lo que tengamos que decirle. 

 

¿Pero que narran los Evangelios al respecto?  Nos cuentan que Jesús, el mismísimo Dios hecho hombre,  pasaba noches enteras en oración.  Y si Él mismo Hijo de Dios, necesitaba estar en estrecho contacto con el Padre a través de la oración, ¿cuánto más debemos estarlo nosotros?

Jesús, se retiraba de madrugada a algún lugar solitario y ahí oraba, hablaba con su Padre Celestial. Probablemente oraba en su fuero interno o quizás susurraba o lo hacía en voz alta, eso no lo sabremos, lo que sí sabemos es que Jesús no se apartaba ni un ápice de las Escrituras  “…orad sin cesar”...  (1 de Tesalonicenses 5:17). 

 

También invitaba Jesús a sus discípulos a orar en todo tiempo: “Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer…” (Lucas 18:1); “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. (Efesios 6:18;).

 

Y no solamente la enseñanza era a orar en todo tiempo sino en todo lugar también “Por consiguiente, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones” (1 Timoteo 2:8) y cuidando la actitud del que ora, ya que no es menos importante.   De acuerdo a las Sagradas Escrituras, la actitud del espíritu del que ora es más importante que la hora, el lugar, o la posición que se adopte o las fórmulas. 

 

Lo importante es orar con intensidad en el espíritu (Lucas 22:44; Efesios 6:18; 1 Tesalonicenses 3:10), con un corazón rendido, agradecido, arrepentido y humillado ante Dios (Salmo 51:17).  Esperando solamente el juicio y decisión santa de Dios que seguramente traerá lo mejor (aunque a veces no guste o resulte molesto) para los que le invocan.

 

Hay situaciones en las que llegamos delante de Dios con tanta carga emocional, tanto dolor, tantas preocupaciones, tanta desolación y angustia o quizás sea llenos de alegría y agradecimiento, que resulta difícil emitir una oración que tenga sentido o sea coherente.  Pareciera que todo lo que tenemos dentro quiere salir al mismo tiempo, pero el espacio es limitado. 

 

Sin embargo para que una oración sea eficaz y llegue al corazón de Dios, no siempre es necesario emitir palabra.  En algunos casos, un gemido, una lágrima, un llanto, la quietud o el silencio mismo, pueden convertirse delante de Dios en oración del más preciado nivel espiritual: “Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles…”  Romanos 8:26. 

 

Un acto de contemplación puede transformarse en un momento muy rico de comunión espiritual con Dios.  A Dios lo encontramos en los ojos de un niño, en una mano extendida pidiendo ayuda, en una canción, en un amanecer, en la belleza, aroma y perfección de las flores, en una noche estrellada.  Solo hay que buscarlo, Él está ahí, siempre esperando nuestra oración.

 

Cada vez que tengo la oportunidad de ir a la playa, me siento en algún lugar alto (generalmente en la parte superior de un médano) y desde allí ante el imponente rugir y romper de las olas, oliendo ese ambiente salino del mar y observando la línea sin fin del horizonte, mi alma se colma de paz y siento que se abren las puertas a la comunión con Dios. Disfruto ese momento de intimidad con Él y le entrego mi alma.

 

Dios se deleita en nuestra oración sin importar dónde o como estemos o cómo se lo digamos, mientras nuestra actitud sea de reverencia, humillación, agradecidos y dispuestos a aceptar su voluntad. Porque la oración no consiste en que a través de ella tratemos de mover a Dios, sino la de acatar su voluntad.

 

 Continuará…

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