¿Qué te impide ver milagros? (I Parte)

 

 Dios puede influenciar en el mundo de dos maneras.  El camino natural (las cosas de manera lógica) y el camino milagroso, algo que sucede fuera de lo común.  Según la Real Academia Española, milagro es definido como: “Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”.   En hebreo, “milagro” le corresponde la palabra nes con la diferencia de que no se trata de un evento increíble,  más bien es una señal.

 

El milagro a veces se entiende como una señal, como un empuje pequeño que Dios da en determinado momento para aquellos corazones que deben ser fortalecidos.  El milagro es un apoyo para la persona que lo necesita en un determinado momento o circunstancia y que de ahí en más deberá seguir adelante, deberá continuar con su vida normal. 

 

Los milagros están todo el tiempo.  Simplemente es cuestión de verlos y saber interpretar cual es el mensaje específico que Dios tiene a través de ese milagro en particular.

 

El milagro viene por una razón especial, por algo concreto que Dios quiere influenciar en el mundo.  Lo que no sabemos es cuando Dios quiere intervenir en las leyes de la naturaleza y hacer un milagro o dejar de hacerlo.  O cuando Dios decide no intervenir más allá de que creamos en la necesidad de que deba actuar y haga un milagro.  No está en nuestras manos saber los tiempos de Dios.  Los caminos y los pensamientos de Dios son diferentes a los nuestros.  Es asunto de Dios.  No podemos manipular a Dios.  Es una atribución propia del Creador.

 

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se ve infinidad de milagros por parte de Dios, de Jesús y sus discípulos y de los profetas.  Algunos llegaron como castigo divino otros como gracia de Dios. 

 

Milagros como castigo divino.

 

Los milagros como castigo divino fueron para ejercer sentencias sobre la humanidad, como cuando Dios ordenó el diluvio universal o las diez plagas de Egipto o como cuando abrió el Mar Rojo (en este caso como gracia de Dios hacia su pueblo quienes iban en busca de la tierra prometida) o cuando el profeta Elías tras orar a Dios le pidió que hiciera una demostración pública (un milagro, una señal) para que la gente supiera que Él era el Dios de Israel y que él era su siervo.

 

Milagros por amor divino.

 

Cuando Jesús (Yeshua en hebreo), vino a la Tierra, hizo muchísimos milagros: la multiplicación de los panes (más de una vez), resucitó muertos, curó a muchísimos enfermos (ciegos, lisiados, leprosos, etc.), caminó sobre el agua, calmó una tormenta, expulsó demonios, convirtió el agua en vino, les daba pescas abundantes a los pescadores, etc., ayudó a todos quienes pedían Su ayuda y tenían fe en Él. La gente quedaba asombrada con todos los milagros de Jesús.

 

Pero a pesar de haber visto “milagros como castigo o amor divino” hubo:

 

Incredulidad a pesar de los milagros.
 

Marcos, en su capítulo 6 narra cuando Jesús visitó su tierra Nazaret (nació en Belén, pero creció en Nazaret), y quiso hacer algunos milagros, sin embargo “…no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos y estaba asombrado de la incredulidad de ellos”. (Marcos 6:5). Había algo que lo frenaba, como un impedimento. 

 

Jesús pudo haber hecho grandes milagros en Nazaret (obviamente que sí) pero no quiso hacerlos, pues había un freno, una muralla y eso era el orgullo y la incredulidad de su pueblo.  La gente se preguntaba “¿No es éste el carpintero, el hijo de María…” (Marcos 6:3).  Lo menospreciaron, no aceptaron su mensaje y mucho menos creer que venía de parte de Dios, claro, si era un simple carpintero.  Así que Jesús, se retiró de ahí, buscó otros lugares y personas que respondieran a sus milagros y a su mensaje.

 

Continuará…

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