Ese enemigo llamado “Ansiedad” (I Parte)

 

La toma de decisiones (en algunos casos) no es algo que resulte muy fácil que digamos.  Algunas medidas a tomar quizás sean trascendentes, otras más simples, pero aún así inquietan, provocan ansiedad y angustia.

 

Años atrás estuve ante una disyuntiva crucial.    El dilema era si debía continuar en mi trabajo o renunciar.  Para mí, en ese momento, era una decisión muy importante. 

 

Durante meses di mil vueltas a la cuestión, buscando el pro y los contra. La ansiedad me consumía.  No estaba segura del paso a seguir y menos sí la decisión a tomar iba a ser la correcta o no.   Lo consulté con amigos, familiares y compañeros de trabajo en busca de consejo.  Pero nada me satisfacía y la ansiedad me desconcertaba.  Tal era así que mi humor había cambiado, estaba más irritable.

 

El tema llegó a agobiarme de tal manera que no sabía que sería lo mejor.  Finalmente cuando las fuerzas y las opciones se agotaron, decidí poner el asunto en manos de Dios.  Le encomendé la decisión a tomar.  Si debía seguir o renunciar. 

 

Y la respuesta no se hizo esperar.  Aunque Dios no llegó en una nube, ni mandó un whatsapp, sino que Su respuesta vino a través de compañeros del trabajo y la familia que me apoyaron y alentaron a renunciar.  A través de ellos, Dios estaba hablando.  Dios utiliza cualquier medio posible e inimaginable para transmitir Su voluntad.  Tal es así que en el Antiguo Testamento en (Números 22:21-34), utilizó una burra para transmitir Su mensaje. 

 

Vi la decisión a tomar con otros ojos y la ansiedad desapareció. No hubo remordimiento, ni reproches.  Todo lo contrario, sentí paz interior.  Evidentemente en ese proceso me ayudó el haber volcado mi ansiedad en Dios y el haber sido sensible a Su consejo.   Sentí haberme sacado un peso de encima y de ahí en más pude disfrutar de mi familia como antes no había podido hacerlo. 

 

Mientras más rápido seamos perceptibles a Su voz, más rápido aprovecharemos la bendición.  El problema es que el ser humano, en algunos casos se cree poseedor o merecedor de los atributos de Dios (omnipresencia, omnipotencia y omnisciencia) y como tal, no cree relevante pedirle consejo ya que se considera autosuficiente y no necesita de su dependencia.

 

Cuando recuerdo esos tiempos, me llama la atención la tranquilidad y paz que sentí.  La oración y haberme entregado en manos de Dios, fue la solución.  La oración quitó mi ansiedad y me permitió ver las cosas con mayor claridad.  Al haber invocado a Dios en oración trajo como fruto la  mejor decisión que pude haber tomado. 

 

Dios cierra y abre nuevas puertas.  Solamente hay que ser sensible a la voz del Espíritu Santo y a Su indicación.  No importa cuán grande o pequeña sea la decisión a tomar, sí para nosotros es de vital importancia, esperar el consejo de Dios, denotará sabiduría. 

 

Vemos un claro ejemplo de esto en las Escrituras en el libro de Josué capítulo 9 (el cual recomiendo leer) cuando llegaron aquellos gabaonitas con sus zapatos viejos y recosidos y mostraron su pan que estaba mohoso que según dijeron habían tomado caliente de sus hornos.  Los hijos de Israel pensaron: “este es un caso claro; estos hombres son forasteros y han venido de un país lejano; podemos hacer alianza con ellos”.  Pero no pudieron advertir el engaño.  La evidencia de sus ojos confirmaba que ellos no eran cananeos, así que hicieron alianza con ellos, sin haber consultado a Dios,  y los líderes de Israel como Josué, fueron engañados.  Dios les había dicho específicamente que no celebraran ningún tratado con los habitantes de Canaán.

 

Como estratega, Josué sabía que debía consultar a Dios (Números 27:21) antes de llevar sus tropas a la batalla.  Pero el tratado de paz parecía muy inocente y Josué y los líderes tomaron la decisión por sí solos.  El no haber consultado a Dios en oración sino que avanzaron rápidamente con sus propios planes, tuvieron que enfrentarse posteriormente con gente enojada y una alianza incómoda.

 

Continuará…

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