Ese enemigo llamado “Ansiedad” (Última Parte)

 

Dios nos ha dado una poderosa promesa: “Pidan a Dios, y él les dará…” (Mateo 7:7 TLA)  Este pasaje, no dice: “pedid una vez y se os dará”.  Elías tuvo que postrarse y clamar hasta siete veces para que lloviese.  ¿Qué hubiese pasado si hubiera abandonado en la primera o en la segunda o en la sexta?  Seguro que estando a un paso de la bendición, ésta se hubiese perdido.  Debemos clamar hasta que llegue la respuesta, y eso es promesa de Dios, toda vez que estemos alineados a Su voluntad.

 

Con humildad debemos acudir a Dios aceptando que Él es el dueño del tiempo y forma.  Él tiene la última palabra.  No podemos obligar a Dios a que actúe acorde a nuestra voluntad.  Dios no es manejable, ni negociable.  Si pensamos lo contrario, la oración no tendría asidero, sería una oración proyectada al cosmos, vacía, nadie escucharía.  No sería más que una oración de vanagloria y presunción.  Pero la oración de Elías no fue así, fue en humildad y con fe.

 

“…sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios”  (Filipenses 4:6). Aunque Dios conoce nuestras ansiedades y necesidades “…antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh Señor, tú ya la sabes toda” (Salmo 139:4) debemos pedirle como si no las conociera.  La oración efectiva debe ser clara e ir al grano, sin vueltas.  La oración debe ser directa sin adornos que la hagan más o menos relevante.  Seamos sinceros con Dios.  No exageremos.

 

La oración debe brotar de un corazón humillado, no haciendo uso de un lenguaje refinado, ceremonioso o extravagante.  Oremos con sencillez y franqueza como si estuviésemos hablando con nuestra madre, padre o el mejor amigo.  Él es galardonador de los que lo buscan en espíritu y en verdad.

 

Dios siempre está dispuesto a escuchar y a dar la mejor salida.  Dios nunca dará la espalda o estará tan ocupado como para no atender nuestras súplicas.  Por el contrario, quizás nos reproche porqué no acudimos a Él con frecuencia. 

 

Dios es una realidad para cada uno de nosotros, una realidad viva; y debemos tener la certeza de que en verdad Él oye la oración. Él todavía no ha dejado de honrar nunca una oración de fe.  En algunos casos quizás resulte difícil esperar ver la respuesta a nuestra oración, pero en la demora Dios “…va preparando todo para el bien de los que lo aman…” (Romanos 8:28).  Dios obra en cada parte y en cada circunstancia.

 

“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”.  El orar, leer y meditar en su palabra, memorizar algunos versículos, cantar alabanzas, invocarlo en voz alta, darle gracias a tiempo y a destiempo, ayuda a quitar toda ansiedad, pues fortalece nuestra fe y alimenta nuestra alma “…porque El tiene cuidado de vosotros”  (1 Pedro 5:7).

 

Como la lluvia temprana, que nuestros días sean fortalecidos por las “buenas nuevas” que es la palabra viva y vigente de Dios y no por las “malas nuevas” que parecieran repetirse como una amarga letanía. 

 

“La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, mas la buena palabra lo alegra”  (Proverbios 12:25).

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