¿Hemos sido llamados a ser canal de bendición o maldición?



Dios creó al ser humano hombre y mujer, según su propia imagen (Génesis 1:27) y esto es en cuanto a conocimiento, justicia y santidad (Catecismo Menor de Westminster) aunque nunca llegaremos a ser totalmente iguales a Dios, porque Él es nuestro Creador supremo. Pero sí tendremos la capacidad de reflejar su carácter siempre y cuando seamos canales de bendición.


Dios nos bendijo desde el mismo comienzo (Génesis 1:28 - Gén 22:17-18) y lo confirmó a través de la bendición que impartió a Abraham. De ahí se desprende que debemos ser canales de bendición y no de maldición.


“Bendición y maldición” son términos antagónicos y a través de ellos estamos deseando para otros respectivamente bien o mal, salud o perjuicio. El principal vehículo de las bendiciones son las palabras que emitimos. Es importante lo que uno dice como lo que no dice. La apropiada manera de hablar no es decir solamente las palabras correctas en el momento oportuno, sino que también incluye controlar los deseos de querer decir lo que no se debe (2 Corintios 10:5) ya que pueden causar un terrible daño. Antes, preferible es callar (Proverbios 11:12).


Hay momentos en que nuestro lenguaje es correcto y agrada a Dios pero en otras ocasiones es violento, ofensivo y destructivo. Pareciera que hoy día está bien, está permitido, es ser moderno, estar actualizado, el hablar mal, el decir palabras ofensivas hacia otro y lo peor es que se toma con toda liviandad, pero debemos recordar que de la manera que hablamos y nos manifestamos representa nuestra naturaleza humana fundamental. Fuimos hechos a la imagen de Dios, pero si “mal decimos”, ¿de qué manera estamos representando esa imagen?


Dios está interesado en cambiarnos de adentro hacia afuera. Cuando el Espíritu Santo purifica un corazón también da dominio propio de modo que la persona pueda decir las palabras que agradan a Dios. Pablo (en Romanos 12) hacía eco a las enseñanzas de Jesús quien instruyó no solo a bendecir a quienes maldicen, sino también a orar por ellos y a hacerles bien.


No hay mejor forma de expresar nuestros deseos positivos por el bien de nuestros enemigos que convertirlos en oración y acción. De esa manera, nos habremos “… vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó…” (Colosenses 3:10).


Oremos para ser canal de bendición, principalmente para aquellos que aún no conocen al Señor, para que ese canal sea el medio para “…que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios…” Efesios 4:13

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