Los planes de Dios para tu vida - (II Parte)

 

Carta de Jeremías a los desterrados

 

Concluíamos el mensaje anterior cuando el profeta Jeremías advierte al pueblo que si no obedecían vendría juicio de Dios sobre ellos.  Pero ellos siguieron sin escuchar ni obedecer.  Así es como se cumplió el tiempo de Dios y sobrevino juicio sobre Judá. 

 

Jeremías no dejó de anticipar la palabra de Dios. Dios no esconde su voluntad, sino que la anticipa y la presenta de una manera personal a cada uno como a Él le place.  Dios no obra a escondidas como un espía, Él anuncia lo que sobreviene en caso de desobedecer sus mandamientos.  Judá cayó bajo Nabucodonosor, rey de Babilonia.

 

Los que habían sido llevados al exilio en Babilonia estaban viviendo su cautiverio en una tierra lejana y desconocida. Diferente cultura, idioma, idiosincrasia, dioses ajenos, comida diferente y lo peor para el pueblo judío; carecían de su Templo, el lugar de adoración y ofrenda. 

 

Pero a pesar de haber sido desterrados por haber desoído la voluntad de Dios, Dios no los abandonó, sino que a través de su profeta les envía una comanda "Edificad casas y habitadlas, plantad huertos y comed su fruto. "Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas, tomad mujeres para vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas, y multiplicaos allí y no disminuyáis. "Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al Señor por ella; porque en su bienestar tendréis bienestar." (Jeremías 29:5-7) anunciándoles de que en donde estaban debían llevar una vida normal, trabajar, casarse, reproducirse y orar por esa tierra extraña en la cual estaban siendo sometidos, porque del bienestar de Babilonia repercutiría en beneficio de ellos.

 

Este consejo de procurar la paz de la ciudad en la que estaban viviendo era importante. Debían orar por ella. No deberían rebelarse ni instigar revueltas. Debían establecerse y ser ciudadanos cumplidores de la ley. Dios sabía que debían de pasar un tiempo prolongado en esa tierra.

 

Seguramente su pueblo mientras estaba en el exilio más de una vez se habrá cuestionado y preguntado cuál era el plan de Dios para ellos. Y efectivamente había un plan de Dios para ellos. 

 

En algún momento de nuestra vida solemos pasar por circunstancias difíciles las cuales no comprendemos.  Dios no es ajeno de ello.  Dios no nos abandona en el trance, sino que nos da las herramientas para salir adelante y ser “…más que vencedores…”  (Romanos 8:37) y en algunas situaciones aunque parezca extraño, nos hace orar por aquellos que nos hacen daño. 

 

Continuará en la (III Parte) – El plan de Dios para su pueblo

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