Cuando la fatalidad toca a tu puerta - (IV Última Parte)

“Tiempo de esperanza”

 

 

 

 

“Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo: tiempo de nacer, y tiempo de morir… tiempo de llorar, y tiempo de reír…”
 

La muerte es solo el comienzo de la verdadera plenitud de la vida.  “… el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros”.  (Romanos 8:11).

 

 “Partir” es regresar a Dios, porque “…el espíritu volverá a Dios que lo dio.”  (Eclesiastés 12:7).  Es un tiempo donde no se tiene conciencia de lo que está sucediendo o del tiempo que pasa.  Es como entrar al quirófano para una intervención quirúrgica con anestesia general.  Nada sabemos ni nos damos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor.  Es como un sueño profundo, como irse a dormir y el próximo pensamiento consciente (que parecerá como el próximo momento) será cuando Dios nos resucite para nueva vida en cuerpos incorruptibles: “…en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”  (1 Corintios 15:52).

 

El que tiene esperanza y fe en lo que no ve (el justo por su fe vivirá, Habacuc 2:4 – Hebreos 11:1) se hará acreedor de las promesas.  De la misma manera que creemos que Dios Padre resucitó a Jesucristo, así también hará con los que durmieron en Jesús.  El Señor mismo lo ha dicho en su Palabra al decir “…que nosotros  los que estamos vivos y permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.  Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero”.  (1 Tesalonicenses. 4: 14-16).

 

Si no creyésemos en la resurrección de los muertos, tampoco creeríamos que Cristo ha resucitado y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana nuestra fe.  “Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima.” (1 Corintios 15:19).

 

Como  creyentes esperamos el tiempo ansiado, el renacer a la nueva vida.  Tenemos plena seguridad de que volveremos a ver a Jesucristo, nos alegraremos y nadie quitará ese gozo (Juan 16: 22).  Tendremos vida eterna junto a Él, pues “…la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6: 23),   “…porque yo vivo, vosotros también viviréis.” (Juan 14:19).

 

La palabra de Dios es clara respecto al tener una sola vida  “El hombre muere una sola vez”.  (Hebreos 9: 27) “…y se siembra un cuerpo corruptible, y se resucita un cuerpo incorruptible…si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual y al sonar de la trompeta final, los muertos resucitarán incorruptibles, seremos transformados y esta será la Victoria, la muerte será devorada.”  (1 Corintios 15).

 

La palabra de Dios es tan contundente como espada de doble filo, y bien clara en cuanto a lo que sucederá luego de la muerte.  “Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí, pues Dios nos ha preparado una casa celestial en donde muchas moradas hay; si no fuera así os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros…vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estaréis también vosotros…Porque así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo también da vida…”   (Hebreos 11:16,  Juan 14: 1-3 y  Juan 5:21).

 

El Hijo también da vida, porque descendió del cielo por opción propia, no para hacer su voluntad “…sino la voluntad del que (le) envió.  Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.  Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final”.  (Juan 6:38-40).

 

Tanto los que creyeron como los que no, resucitarán y sobrevendrá el juicio.  Y se cumplirá el mayor anhelo de la creación y del ser humano.  Para la creación y para la humanidad, cuando Cristo venga en su Gloria el pecado será erradicado y toda la creación será restaurada al plan original de Dios.  Viviremos por siempre en compañía y armonía del Creador, dándole toda la gloria, honra y alabanza de la cual solamente Él es merecedor, habitando un cielo nuevo y una tierra nueva donde “…ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos”.  (Apocalipsis 22:5).

 

“Ya el sol no será para ti luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; sino que tendrás al Señor por luz eterna, y a tu Dios por tu gloria”. (Isaías 60:19).

 

Cada despedida no es el final, sino el renacer a un nuevo tiempo y el reencuentro con nuestros seres queridos (1 Tesalonicenses 4:13-14).

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