Cómo reconocer cuando Dios abre una puerta.

 

 

Una manera de saber si estamos caminando en la voluntad de Dios es el resultado. El supuesto es que cuando estamos haciendo lo que el Señor desea, las cosas marchan bien. Pero si surgen problemas y dolores de cabeza, entonces es porque probablemente nos hemos desviado de su voluntad.

 

En la reflexión anterior vimos que no es conveniente insistir cuando Dios mantiene una puerta cerrada, sin embargo en (1 Corintios 16:9) Pablo denota que en algunas oportunidades, Dios permite que una puerta se abra a pesar de las dificultades que encontremos detrás de ella: “…porque se me ha abierto una puerta grande para el servicio eficaz, y hay muchos adversarios”.   

 

Eso es exactamente lo que sucedió cuando Dios cerró una puerta, y abrió otra en el segundo viaje misionero del apóstol (Hechos 16:6-10). Cuando Pablo tuvo la visión de ir a Filipos, ciudad principal de la provincia de Macedonia, una colonia romana, una multitud se levantó contra ellos y ordenaron fueran azotados con varas.  Luego los echaron en la cárcel asegurando sus pies en el cepo.

 

Pero a pesar de ello, todo resultó en ganancia.  Cuando el carcelero descubrió su verdadera condición personal y necesidad, arriesgó todo y preguntó: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa".  (Hechos 16:30-31).  El ofrecimiento de salvación fue para el carcelero y  su familia, incluyendo a los sirvientes.  La fe del carcelero no salvó a todos; cada uno necesitó aceptar a Jesús en fe y creer en Él de la misma manera que el carcelero lo hizo.  Y así fue como toda su familia creyó y recibió la salvación.

 

No nos gusta pensar que la voluntad de Dios para nuestra vida pueda incluir dolor, sufrimiento o persecución, pero es lo que relata la Biblia en algunos casos. El Señor usa la aflicción para probar nuestra fe, enseñar la dependencia a Él, desarrollar el carácter piadoso y la madurez espiritual, consolar a otros y también para dirigir a otros a Cristo. Es poco probable que el carcelero hubiera estado tan dispuesto a aceptar el Evangelio, si Pablo y Silas no hubieran respondido al trato injusto cantando himnos de alabanza a Dios.

 

Cuando el Señor nos abre una puerta con dificultades, el Espíritu Santo nos da entendimiento y fortaleza para sobrellevarlo y muestra a los no creyentes el obrar de Dios a través de ello. En vez de tratar de escapar, respondamos de una manera que lleve las buenas nuevas a otros y así puedan conocer al Salvador y en sus vidas entre la luz de la salvación.

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