La conciencia - (II Parte)

 

 

“Por esto, yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres”.  (Hechos 24:16).

 

“Verdades importantes en el concepto de conciencia”.

 

En primer lugar, la conciencia es una capacidad dada por Dios a los seres humanos para el ejercicio de la autoevaluación. Pablo se refiere varias veces a su propia conciencia de ser buena o sin ofensa: “Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Hermanos, hasta este día yo he vivido delante de Dios con una conciencia perfectamente limpia” (Hechos 23:1) y “…me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres”.  (Hechos 24:16).

 

Pablo examinó sus propias palabras y hechos y los encontró conforme con su moral y sistema de valores, que fueron, por supuesto, basados en los estándares de Dios. Su conciencia verificaba la integridad de su corazón.  Él seguía su voz interior, la que provenía del corazón de Dios.

En segundo lugar, el Nuevo Testamento presenta la conciencia como testigo a algo. Pablo dice que los gentiles (entre los judíos, dicho de una persona o una comunidad que profesa otra religión) tienen conciencia que testimonian la presencia de la ley de Dios escrita en sus corazones, aunque no tenían la Ley Mosaico: “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos…” (Romanos 2:14-15).

 

También apela a su propia conciencia como un testigo que él dice la verdad: “Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo…” (Romanos 9:1) y que se ha conducido en santidad y sinceridad en sus relaciones con los hombres: “Porque nuestra satisfacción es ésta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia vosotros”. (2 Corintios 1:12).

 

También expresa Pablo que su conciencia le dice que sus acciones son evidentes tanto a Dios como el testigo de las conciencias de otros hombres: “Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en vuestras conciencias”.  (2 Corintios 5:11).

 

Es imprescindible y necesario esforzarnos “…por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres”.  (Hechos 24:16).

 

Continuará en la (III Parte): ¿Qué significa tener una conciencia buena y limpia?

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