Cristo es la resurrección.

 

 

“Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” 

 

El primer día de la semana muy temprano salieron corriendo Pedro y otro discípulo al sepulcro adonde habían depositado a su Rabí pero al llegar al lugar y ante su sorpresa vieron que ya no estaba.  La tumba estaba vacía.   Jesús había resucitado.  Su Padre lo enalteció.  Su Padre lo había levantado de entre los muertos.  Hubo victoria en Cristo.  La fría tumba no lo pudo retener ni dominar.   Su Majestad había sido exaltado y eso merece ser celebrado y vitoreado.

 

Ahora, si Jesús no hubiese resucitado ¿qué hubiese pasado?

 

Primero que nada, Jesús seguiría muerto. No dejaría de ser un mortal más.  Se le recordaría un tiempo pero a la larga caería en el olvido.   Eso significaría que nuestra fe en Él no tendría consistencia y nuestro mensaje al mundo, una verdadera mentira. No dejaría de ser una fábula más narrada de sobre mesa y un mito, ya que Él había afirmado su resurrección.

 

Segundo, no habría reconciliación con Dios y por ende perdón de pecados.  Ni esperanza de nueva vida con cielos y tierra renovada. Todos los creyentes fallecidos a lo largo de la historia se habrían perdido. Sin la resurrección, no habría nada en que esperar. El destino de la humanidad después de la muerte sería un abismo hacia el vacío, la nada, el olvido para siempre.

 

Pero, gracias a la resurrección de Jesús ninguno de estos escenarios son ciertos. Nuestro Salvador vive, nuestros pecados son perdonados, la muerte ha sido derrotada y los creyentes en Cristo tenemos la plena confianza de que tendremos vida porque Jesús ya ha ido a prepararnos un lugar para vivir.  (Juan 14:2).

 

Es lamentable que muchos aún no comprendan ni crean en el misterio y el trasfondo de la resurrección.  Solamente luego de un encuentro personal con Cristo resucitado llegarán a entenderlo.

 

La resurrección de Cristo es la clave de la vida y la fe cristiana.  

 

Jesús se humilló a sí mismo, se hizo obediente al Padre hasta la muerte, muerte de cruz “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre…”  (Filipenses 2:9).

 

Él resucitó.  De ahí que tengamos la plena confianza de que su palabra se cumplirá. 

 

Para los que creemos, la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida “…porque yo vivo, vosotros también viviréis”.  (Juan 14:19).

 

Oremos por los que aún no conocen a esta maravillosa persona que es Jesús resucitado tengan la oportunidad de conocerlo.

 

Felices Pascuas de resurrección les desea Rinconcito de la Oración!!!

 

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