La conciencia – (IV Parte)

April 26, 2017

 

 

 

Restaurando la conciencia en sintonía a la voluntad de Dios.

 

“Por esto, yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres”.  (Hechos 24:16).

 

La palabra conciencia, formada por el prefijo (con + ciencia) significa con conocimiento.  Cuando pecamos, lo hacemos con conocimiento de que lo que estamos haciendo es incorrecto. El pecado influye adversamente en la conciencia y cuando esta se corrompe va perdiendo su sensibilidad moral.  “La conciencia es como un vaso, si no está limpio ensuciará todo lo que se eche en él”.  Ángel Ganivet.

 

Pertenecemos a un género terco.  Vivimos en un mundo hostil que está en guerra con Dios y con aquellos que le representan.  “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”  (Santiago 4:4).

 

Como todos hemos caído en pecado, resulta dificultoso vislumbrar la buena conciencia que emana y proviene del corazón de Dios.  La sociedad va alterando su juicio de valores.  Los van tornando “acomodaticios” acorde a las circunstancias que les toca vivir.  A pesar de que por su conciencia “grabada en sus corazones” saben lo que es bueno, sin embargo insisten en hacer lo malo por conveniencia, por intereses personales y egoístas.  “Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico”  (Romanos 7:19).

 

Cuando esto sucede, la conciencia se va insensibilizando.  Se aceptan mentiras como verdad.  La conciencia cauterizada es insensible al pecado.  Si alguien la tiene cauterizada, luchará contra la verdad.  Hay personas que dicen: ¿No sé si esto es de Dios o no?  Cuando resistimos continuamente e ignoramos las advertencias de la conciencia, ella se hará insensible a la señal de alarma moral.

 

Debemos recordar que para vivir en el Espíritu primero debemos obedecer a la conciencia.  El primer paso para la restauración es la renovación de nuestra conciencia.  Si rehusamos o nos negamos ver la verdad, ¿cómo podremos entonces ser restaurados?  Cómo será posible que  nuestra conciencia nos diga: “Sí y amén.   Este es el camino.   Síguelo”.

 

La restauración es imposible si no aceptamos ser transformados (Romanos 12:1-2).  Cuando la conciencia es liberada, nos dice si lo que escuchamos proviene del Espíritu Santo o no.  La conciencia nos guía a todo lo verdadero, lo agradable a Dios. 

 

“Porque nuestra satisfacción es ésta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia vosotros”. (2 Corintios 1:12).

 

 

Continuará en la (V Última Parte): Una conciencia restaurada.

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