¡Ese corrosivo vacío interior! (III Última Parte)

 

 

 

Corregir a tu hijo, es quererlo; amarlo es disciplinarlo.

 

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades”.  Deuteronomio 6:6-9

 

Nuestra sociedad está adoctrinando que el placer, el consumismo, el facilismo y la popularidad hacen la felicidad.  Pero esto no hace más que alentar al individualismo (egoísmo) y resulta que vivir al servicio del ego deja siempre un vacío que ninguna gratificación terrenal puede consumar. No es suficiente colmar la vida de  nuestros hijos con bienes materiales (Mateo 6:19), sino educarlos en y con el amor de Cristo.  Es una falsa creencia de que permitiéndoles hacer o darles todo lo que quieren ese vacío interior va a ser satisfecho o quizás nos amen más por eso. Todo lo contrario, lo utilizarán como arma para presionarnos y manipularnos.

 

Como padres y madres  para evitar “sorpresas” es enseñarles la verdad acerca de la Palabra de Dios. La disciplina y la instrucción son parte integral de los padres como educadores. “No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”.  (Proverbios 13:24). Los niños que crecen en hogares indisciplinados se sienten rechazados y sin valor. Les falta dirección y auto-control y mientras crecen, se rebelan, caminan sin límites por la vida y tienen poco o ningún respeto por cualquier clase de autoridad, incluyendo la de Dios. “Corrige a tu hijo mientras hay esperanza…” (Proverbios 19:18). 

 

Cuando llega el  momento de disciplinar, esta debe estar balanceada con amor, “Todas vuestras cosas sean hechas con amor”.  (1Corintios 16:14) o hallaremos niños y jóvenes que crecen resentidos, desanimados, rebeldes y con un marcado vacío interior “Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen”.  (Colosenses 3:21)

 

Dios reconoce que la disciplina es dolorosa cuando se ejecuta “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia” (Hebreos 12:11), pero si es seguida por una instrucción amorosa, es en gran manera benéfica para el niño. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor.” (Efesios 6:4)

 

Es importante incluir a nuestros hijos en el ámbito familiar, en las conversaciones, en la toma de decisiones, enseñarles a orar (hablar con Dios) e involucrarlos en el ministerio de la iglesia desde temprana edad (Hebreos 10:25).  Como también permitirles leer, estudiar y explicarles la Palabra y que las pongan en práctica.

 

Así mismo es importante tomarnos tiempo como padres y madres hablar con nuestros hijos sobre el mundo a su alrededor, ver como lo perciben y enseñarles acerca de la gloria de Dios a través de las Escrituras.  Nuestra vida como padres y madres debe ser un fiel reflejo de lo que Dios anhela en nuestra vida.  Que nuestro transitar por la vida sea como el caminar del Señor Jesucristo; el único modelo a seguir.  No hay otro modelo que podamos imitar. Él es el único camino, la verdad y la vida.

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