Dios siempre ve y oye lo que nos pasa.

 

 

“Y hasta dicen: «El Señor no ve; el Dios de Jacob no se da cuenta».  Entiendan esto, gente necia; ¿cuándo, insensatos, lo van a comprender?  ¿Acaso no oirá el que nos hizo los oídos, ni podrá ver el que nos formó los ojos?”.  (Salmo 94:9 NVI).

 

Algunos piensan que nuestro Creador está tan ocupado con temas del vasto Universo que no está al tanto de lo que nos sucede o queramos confiar.  Pero “¿Acaso no oirá el que nos hizo los oídos, ni podrá ver el que nos formó los ojos?”.  (Salmo 94:9).

 

¿Habrá algo que Dios no pueda ver?  Estemos donde estemos, pasemos lo que tengamos que pasar, Dios está en pleno control.  Dios nos ve, sabe lo que nos pasa. “Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.  (Hebreos 4:13).

 

¿O habrá algo que el Señor desconozca de nosotros?  Dios sabe absolutamente todo de nosotros: “Oh Señor, tú me has escudriñado y conocido.  Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos.  Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos.  Aun antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh Señor, tú ya la sabes toda…”.  (Salmo 139:1-4).

 

¡Así es! Tengamos la certeza de que no hay una sola instancia Dios no sepa o vea lo que nos sucede.  Y por si esto fuese poco, Dios va más allá; aparte de ver y saber, Él conoce perfectamente nuestras intenciones, porque “…el Señor mira el corazón”. (1 Samuel 16:7).  Él ve, Él está al tanto de nuestros más íntimos deseos y anhelos aunque estén ocultos u  escondidos en lo más recóndito de nuestro corazón.

 

El pasaje de (Éxodo 2:25)  dice que “…miró Dios a los hijos de Israel, y Dios los tuvo en cuenta”.   Esta cláusula final es la más importante.  Dios los tuvo en cuenta y al tenerlos en cuenta, Dios se puso en acción.  Cuando Dios escuchó, recordó su promesa y miró, no se quedó sentado; Dios respondió.  Él  cuidó de ellos, Dios estuvo en control.  Dios es el soberano del Universo.    

 

Dios no solamente cuidó y cuida al pueblo de Israel, sino que también cuida de nosotros, sus hijos.  Dios se nos revela a diario en cada ínfimo detalle, solamente hay que aguzar los sentidos.  Dios presta atención a cada palabra que pronunciamos y decisión que tomemos.  Dios nos oye y permanece atento.  En este momento nos está observando y es capaz de escuchar cada suspiro que damos cuando hay algo que nos gusta (como ese par de zapatos que vemos en la vidriera de una tienda y no podemos comprar) o que nos molesta o duele.  No somos desconocidos para Él, sino que conoce  cada aspecto, cada detalle, cada circunstancia por la que estamos pasando y está en absoluto control.  

 

A pesar de nuestras debilidades, nuestra incredulidad, nuestras dudas, nuestra poca fe y limitaciones, valemos para Él y  nos tiene en cuenta.  Dios tiene un plan personal para cada uno y lo llevará a cabo, “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre…No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado…Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos”.  (Salmo 139:13; 15 y 16).

 

¿Entonces qué debemos hacer con nuestra incredulidad, nuestras dudas, nuestra poca o falta de fe? Debemos perseverar, seguir avanzando y pedirle al Señor que aumente nuestra fe, que nos ayude a ser pacientes y a confiar y a soportar sus tiempos. 

 

Quizás estemos pasando por un momento en donde no entendamos lo que nos toque vivir, pero será el momento para seguir confiando, seguir orando y esperar en sus promesas.

 

Dios no es estático, no está paralizado, Dios es acción, es actual, sigue revelándose y actuando en nuestras vidas.  Y lo seguirá por los siglos, porque Él es Eterno.

 

Nuestro Dios es un Dios que escucha y ve y a Su tiempo cuando lo considere justo y oportuno te traerá esa respuesta que tanto ansías.

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