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Reacciona ante los problemas con acción de gracias


“Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada”.


Las pruebas producen paciencia


Puede que en algún momento hayamos tenido que pasar por momentos difíciles y dolorosos. Momentos que aún hoy no entendemos por qué sucedieron. Ahí es cuando nos cuestionamos ¿dónde está Dios? porque no impidió tal o cual aflicción. Es algo que nos cuesta entender más que nada cuando su Palabra (Salmo 103:8) nos dice que “El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor”. Sí, el Padre es grande en amor pero también su Palabra nos dice que “…el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo”. (Hebreos 12:6).


Pero aún así seguimos sin comprender o aceptar ¿por qué Dios permite que nosotros, sus hijos pasemos por pruebas y aflicciones tremendas? ¿Dónde está Él en las tragedias, los desastres naturales, en las enfermedades, en las separaciones, mientras sus hijos sufren?


Y para colmo cuando leemos la exhortación de Santiago, de que debemos estar gozosos ante las pruebas, pensamos: ¡Eso es imposible! Las dificultades y el gozo no parecen ir de la mano cuando gozo implica alegría de ánimo y está asociado a toda acción que genere felicidad.


¡A menos! que lo entendamos y veamos desde la perspectiva de Dios en cuanto a la vida.


Cuando Santiago hablaba de gozo, no se refería a un sentimiento de alegría y frivolidad. Estaba hablando de un sentir interior de calma, paz y confianza en el Señor. No estaba diciendo que debemos sentirnos felices por nuestras pruebas y andar saltando de alegría por ahí, sino saber que en medio de ellas Dios nos da la fortaleza para soportarlas de la misma manera que nos acompaña a pasarlas. En esos momentos, Dios está trabajando con nosotros, nos está moldeando como a vasija imperfecta.


Además, la Biblia promete que Dios usará las pruebas para perfeccionarnos, para moldearnos, por lo que no es necesario que tengamos temor o ansiedad. Nuestra actitud de sumisión y paciencia durante la dificultad determinará nuestro cambio y cómo seremos después de que termine la prueba.


¡El deseo de Dios es bendecirnos, no destruirnos! Por eso ante las pruebas “…mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:6-7).


Ante las pruebas, entreguémonos en sus preciosas manos y no perdamos la esperanza, confiemos. Subámonos a la barca y dejemos que Él nos conduzca. Aunque pasemos por acontecimientos que no entendamos, estemos siempre agradecidos al que dio la vida por vos y por mí y para todo aquel que en Él cree. Sus pensamientos son sabios y son la perfección.

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