Emociones Dañinas: La Ira (II Parte)

 

 

 

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo…”  (Efesios 4:26).

 

La ira santa de Dios.

 

En la primera parte vimos a un Moisés arder de ira al encontrarse frente a frente con el pecado de su pueblo.  Su reacción fue arrojar y romper las tablas con los mandamientos.  Aunque no solamente él  reaccionó de esa manera sino que Dios estaba tan airado que deseaba matar a todo su pueblo (Éxodo 32:10). 

 

Esta expresión de ira y enojo se repite a lo largo de las Escrituras toda vez que el pueblo de Israel desobedece a Dios “Por el aliento de Dios perecen, y por la explosión de su ira son consumidos.”  (Deuteronomio 4:25). 

 

Todos expresamos ira, hasta Dios.  Pero hay una diferencia abismal entre una y otra.  La ira de Dios contra la desobediencia y el pecado es siempre santa y justificada porque su plan para la humanidad es santo y perfecto, así como Dios mismo es santo y perfecto; la del hombre nunca es santa, ni perfecta y rara vez justificada. 

 

La ira santa de Jesús.

 

En Marcos (11:15-18), Jesús hecha a los mercaderes y cambistas fuera del templo.  Ese era el lugar sagrado destinado a la adoración y su presencia negociando, agraviaba y denigraba el santo lugar.

 

Su emoción se manifestó en gran indignación e ira.  Jesús sintió “celo” por la casa de Dios: “Porque el celo por tu casa me ha consumido…” (Salmo 69:9).  Su ira fue oportuna, precisa y totalmente justificada por la falta de reconocimiento a la santidad de Dios.  Jesús no mostró la ira del hombre, sino la perfecta y justa indignación de Dios.

 

Jesús se enojó pero no pecó.  Fue la manifestación de una ira santa y no una ira sin control e irracional que es la que generalmente tenemos los seres humanos cuando le damos rienda suelta a esa emoción.  En ese preciso punto radica la diferencia.

 

Hay momentos que sentimos mucha bronca ante una determinada situación. La adrenalina fluye por nuestras venas y sin darnos cuenta provoca un aumento en el ritmo cardíaco, nos enceguecemos, no entramos en razones y lo más probable es que sin quererlo reaccionemos con violencia física o verbal en contra de un tercero e inclusive hacia nosotros. 

  

Si bien la ira como emoción no tiene nada de malo y en cierto sentido es buena que la podamos expresar, todo dependerá de la manera como la exterioricemos.  Un buen consejo es el de “contar hasta diez” antes de actuar. Esos diez segundos cruciales son los que van a marcar la diferencia entre actuar impulsivamente o de forma más meditada.  Ese tiempo nos servirá para reflexionar sobre la manera correcta de actuar y para recordarnos a nosotros mismos cómo la ira debe ser usada para resolver problemas y no para crear unos mayores donde probablemente no exista posibilidad de retorno, no habrá vuelta atrás y deje una herida muy difícil de cicatrizar.

 

Continuará en la (III Parte): ¿Es conveniente reprimir la ira?

 

Harmful Emotions: Anger (Part II)

 

Based on Ephesians 4:26 

 

“In your anger do not sin”: Do not let the sun go down while you are still angry…”  (Ephesians 4:26).

 

The Holy Wrath of God.

 

In the first part, we saw a Moses burning with anger as he came face to face with the sin of his people.  His reaction was to throw and break the tablets with the commandments. (Exodus 32:15).

 

Not only did he react that way, but God was so angry that he wanted to kill all his people (Exodus 32:10).

 

This expression of anger and fury is repeated throughout the Scriptures whenever the people of Israel disobey God. "By the breath of God they perish, and by the outbursts of their wrath they are consumed." (Deuteronomy 4:25).

 

We all express anger, even God. But there is an abysmal difference between one and the other.  God's wrath against disobedience and sin is always holy and justified because His plan for humanity is holy and perfect, just as God Himself is Holy and Perfect; instead, man´s plans are never holy, nor perfect and seldom justified.

 

The Holy Wrath of Jesus.

 

In Mark (11: 15-18), Jesus threw out the merchants and money - changers out of the temple. The temple was the sacred place destined for worship and its presence negotiating, aggravating and denigrating the holy place.

 

His excitement was manifested in great indignation and anger. Jesus felt "zeal" for the house of God: “...zeal for your house consumes me ..." (Psalm 69: 9). His anger was timely, accurate and totally justified by the lack of recognition of God's Holiness. Jesus did not show the wrath of man, but the perfect and righteous indignation of God.

 

Jesus was angry but did not sin. It was the manifestation of a holy wrath and not an uncontrolled and irrational wrath that is generally what we humans have when we give free rein to that emotion. At that precise point lies the difference.

 

There are times when we feel very angry about a certain situation. Adrenaline flows through our veins and without realizing it causes an increase in heart rate, we go blind, we do not enter into reasons and most likely unintentionally reacting with physical or verbal violence against a third party and even towards us.

 

While anger as emotion is not bad and in a sense, it is good that we can express it, everything will depend on the way we exteriorize it. Good advice is to "count to ten" before acting. Those ten crucial seconds are the ones that will make the difference between acting impulsively or in a more thoughtful way. That time will serve to reflect on the correct way to act and to remind ourselves how anger should be used to solve problems and not to create larger ones where there is probably no possibility of return, there will be no turning back and leave a wound difficult to heal.

 

Continue in (Part III): Is it appropriate to restrain anger?

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