Emociones Dañinas: La Ira (III Última Parte)

 

 

 

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo…”  (Efesios 4:26).

 

Habíamos mencionado hacer uso de la ira dependiendo en como la exteriorizamos.  La idea es justamente “no evitar la ira” sino saberla manejar apropiadamente y en el momento justo.

 

Cuando nos enojamos, a menudo tenemos un control o enfoque inapropiado y distorsionado. Esta es la ira del hombre, de la cual se nos dice, “Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. (Santiago 1:19-20). 

 

¿Conviene que reprimas tu ira?

 

Si optamos por reprimir esta emoción puede que sea saludable pero por corto tiempo.  Lo que no va a ser bueno es que la enterremos o la neguemos indefinidamente en vez de enfrentarla para elaborarla. 

 

Cuando fingimos que todo está bien aunque no lo esté, cuando nos decimos a nosotros mismos y a los demás que no ha sucedido nada malo cuando sí pasó, cuando actuamos como si no hubiéramos sufrido una pérdida o dolor aunque sí lo hayamos sufrido, entonces estamos escondiendo lo que deberíamos expresar.  Y esto a la larga se traduce en enfermedad, pudiendo llegar hasta la muerte misma.

 

No hace  mucho vi una serie: “13 Razones Porque” (13 Reasons Why, en inglés).  Básicamente, la trama gira en torno a la principal protagonista, la joven Hannah Baker y sus desaciertos emocionales.  A lo largo de la serie ella sufre varias experiencias desagradables con algunos compañeros del High School.

 

Su enojo y desconcierto fueron en aumento.  Hannah tenía un problema de carácter emocional.  Reprimió su ira en vez de compartirla y reflexionarla con amigos y con sus padres.  Fue tragando, reprimiendo su bronca en vez de sacarla fuera y esto la consumió por dentro de tal manera que se cerró a ver la realidad o la percibió de manera distorsionada. Todo esto derivo en la desesperada decisión de terminar con su vida.  No pudo demostrar su ira sino que la dejó plasmada en unos  cassettes para que fuesen escuchados después de su muerte.

 

Cuando una persona esconde o niega emociones poderosas y devastadoras en el armario de su alma, se está preparando para tener problemas.  Con el tiempo algunas personas se vuelven expertas en no sentir lo que sienten.  Llegan a ser verdaderos profesionales en ocultar, fingir y enterrar todo sentimiento doloroso o que otros no acepten.

 

Cuando más experimentamos emociones negativas y no las podemos expresar porque las guardamos y no las exteriorizamos dando voz a nuestro dolor mediante palabras o descargarnos mediante el llanto, es ahí cuando se inicia un ciclo negativo. Vamos juntando tanta presión dentro que nuestra mente percibe que estamos en situación de riesgo con lo cual sentimos que debemos huir (encerrar aún más nuestras emociones) o pelear (enojarnos contra las emociones, contra el mundo o el primero que se nos cruce), mientras nuestro físico se va enfermando.  El resultado puede ser un enojo mal canalizado que ira in crescendo a lo largo de los días.

 

Uno de los versículos más destacados habla de que debemos enfrentar rápidamente los temas y situaciones que  nos causan enojo en lugar de reprimir nuestros sentimientos: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo…”  (Efesios 4:26).  Si no lo hacemos rápidamente, será como una bola de nieve que irá aumentando de tamaño a medida que se desliza hasta terminar estrellándose contra algún obstáculo.

 

Si levantamos una muralla para que la ira no salga a luz, la mente inconsciente tiene que trabajar más y más para poder mantenerla bajo el velo que la esconde.  Las emociones no mueren.  Las enterramos, pero enterramos algo que aún vive.

 

¿Entonces qué es lo mejor que podemos hacer frente a la ira?

 

Primeramente, reconocer que estamos enojados, segundo, contenernos a responder de inmediato, localizar el foco de nuestro enojo y emprender una acción constructiva. 

 

Debemos poder exteriorizar nuestro enojo de una manera razonable, conteniendo y dominando nuestro impulso, sin pecar.  Es todo un desafío y un ejercicio que implica un aprendizaje y fuerza de voluntad. 

 

La ira no conviene ignorarla o dejarla pasar, ni expresarla irracionalmente.  Disculparse si es necesario y no permitir que el enojo vaya in crescendo de manera de ir agregándole otros tópicos que no tienen nada que ver con el tema original. 

 

Pidamos al Espíritu de Dios que ayude a dominar nuestros impulsos de ira y a saberlos canalizar en la dirección y el propósito que corresponde.   Permitir que Dios restaure esas emociones tóxicas a su manera y no a la nuestra, y que permita el fluir de esas emociones que son de bendición y gratifican el espíritu y al alma.

 

Harmful Emotions: Anger (III Last Part)    

 

Based on Ephesians 4:26  

 

In your anger do not sin”: Do not let the sun go down while you are still angry…”  (Ephesians 4:26).

 

We had mentioned making use of anger depending on the way we externalize it. The idea is precisely "not to avoid anger" but to know how to handle it properly and at the right time.

 

When we get angry we often have inappropriate and distorted control or focus. This is the wrath of man, of which we are told, "My dear brothers and sisters, take note of this: Everyone should be quick to listen, slow to speak and slow to become angry, because human anger does not produce the righteousness that God desires”. (James 1: 19-20).

 

Is it appropriate to suppress anger?

 

If we choose to repress this emotion it may be healthy but for a short period of time. What is not going to be good is that we buried or deny it indefinitely instead of confronting it to elaborate it.

 

When we pretend that everything is well even if it is not when we tell ourselves and others that nothing bad has happened when it happened, when we act as if we have not suffered a loss or pain even though we have suffered, then we are hiding what we should express. And this in the long term is translated into illness and can even reach death itself.

 

Not long ago I finished seeing "13 Reasons Why". Basically, the plot revolves around the main protagonist, the young Hannah Baker and her emotional mistakes. Throughout the series, she suffers several unpleasant experiences with some high school classmates.

 

His anger and bewilderment were on the increase. Hannah had an emotional problem. He repressed his anger instead of sharing it and reflecting it with friends and parents. She kept swallowing, repressing its anger instead of taking it out and this consumed her inside so she couldn’t see reality or perceived it in a distorted way. All this lead to his desperate decision to end with her life. She could not reveal the anger. Instead, she left his anguish recorded on tapes to be heard after his death.

 

The more we experience negative emotions and we can´t express them because we keep them and we do not externalize them by giving voice to our pain through words or weeping, that's when a negative cycle starts. We gather so much pressure inside that our mind perceives that we are at risk and that we must run away (to enclose our emotions even more) or to fight (to be angry with the emotions, against the world or the first one that crosses us), while our physique gets sick. The result can be a badly channeled anger that will grow up throughout the days.

 

One of the most prominent verses speaks of the fact that we must quickly face the issues and situations that cause us anger rather than repress our feelings: “In your anger do not sin”: Do not let the sun go down while you are still angry…” (Ephesians 4:26). If we do not do it quickly, it will be like a snowball that will increase in size as it slides to end crashing against some obstacle.

 

If we raise a wall so that anger does not come to light, the unconscious mind has to work harder and harder to keep it under the veil that hides it. Emotions do not die. We buried them but buried something that still lives.

 

So what is the best we can do with anger?

 

First, recognize that we are angry, secondly, restrain ourselves to respond immediately, locate the focus of our anger and undertake constructive action.

 

We must be able to exteriorize our anger in a reasonable way, containing and dominating our impulse, without sinning. It is a challenge and an exercise that involves learning and willpower.

 

Anger should not be ignored or let it pass, nor express it irrationally. Apologize if necessary and do not let the anger go in crescendo so as to add other topics that may have nothing to do with the original theme.

 

Let us pray to the Holy Spirit of God to help us control our impulses of anger and to know how to channel them in the direction and purpose that corresponds. Allow God to restore those toxic emotions in His own way and not ours, and allow the flow of those emotions that are a blessing and gratify the spirit and soul.

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