Justicia de Dios - (II Última Parte)

August 22, 2017

 

 

“El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”. (2 Pedro 3:9). 

 

En la primera parte hacíamos mención a ambas injusticias, la social y la ecológica.  Ambas significan un reto para la humanidad; el grito de la tierra y el grito de los pobres. 

 

Hombres y mujeres con sensibilidad moral claman por la justicia de Dios, sin embargo quedamos perplejos cuando esta no llega.  Pero esto no  es un problema actual, ya en la antigüedad, el padre de la fe, Abraham se indignó porque Dios quería llevar a cabo la destrucción de Sodoma y Gomorra y aniquilar a los injustos con los justos.  Por eso su desesperado cuestionamiento: "¿En verdad destruirás al justo junto con el impío? Tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad; ¿en verdad la destruirás y no perdonarás el lugar por amor a los cincuenta justos que hay en ella? Lejos de ti hacer tal cosa: matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera. ¡Lejos de ti! El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?"  (Génesis 18:23-25).

 

La búsqueda de la justicia ha sido un tema recurrente en las Escrituras. Los malvados prosperan y los inocentes sufren.  Que ambigüedad.  Los personajes y autores de la Biblia vienen luchando con esta cuestión desde antiguos tiempos.

 

Hemos leído hasta el hartazgo de que el pecado y la transgresión humana son merecedores del juicio divino.  ¿Por qué, entonces, no vemos con mayor frecuencia que los pecadores reciban castigo?  Pareciera que con facilidad logran escapar de sus fechorías con impunidad.  Los malvados e injustos prosperan, gozan de salud y poseen riquezas.  A pesar de su violencia, su arrogancia y su insolente desafío a Dios, siempre se la pergeñan para salirse con la suya (Salmo 73).  

 

Ninguna grieta se abre bajo sus pies y se los traga o ningún rayo del cielo parece derribarlos a tierra.  Pareciera que Dios no escucha el clamor de los justos, nos enojamos con Él.  ¿Quizás le estemos exigiendo que resuelva lo que nosotros tendríamos que resolver?  ¿Será que le cargamos a Dios que sea Él quien haga la justicia que nosotros no tenemos ni la libertad ni el coraje de hacer, ya que es privativo de Dios el tomar acción?  No hay respuestas fáciles para estos angustiantes interrogatorios.

 

Por otro lado, los justos, muchas veces son acosados por desastres e impiedad.  No es que Dios pareciera no protegerlos, sino que parece no contestar sus oraciones ni preocuparse por su destino.  Muchas veces nos sentimos necesitados de una “Teodicea”, una vindicación de la justicia de Dios.

 

En otras palabras, si Dios se ha mostrado inactivo anteriormente frente al pecado, no era indiferencia moral sino por su paciencia.  Paciencia, que permite mantener la puerta abierta de la oportunidad un poco más, “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”. (2 Pedro 3:9). 

 

Así que si bien, Dios en su paciencia temporariamente dejó sin castigo los pecados, con justicia los castigó, al condenarlos en Cristo.  Demostró su justicia llevando sobre sí mismo el castigo en la persona de Cristo (Hechos 17:31).  Ahora nadie puede acusar a Dios de pasar por alto el mal.  Nadie puede suponer indiferencia moral o injusticia de su parte. Y lo hizo públicamente no sólo con el fin de ser justo sino que también se lo vea como justo.

 

En la cruz de Cristo se demuestra con igual intensidad tanto la justicia de Dios, al juzgar el pecado, como su misericordia, al justificar al pecador. 

 

Por otro lado, la manera en que Dios castigará el mal será en el juicio final  “Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios…”  (Romanos 2:5).

 

Aunque los que cometen iniquidades se muestren tan confiados, ese lugar es más resbaladizo de lo que se dan cuenta.  Caminan en la cuerda floja y llegará el día en que caerán aplastados por el justo juicio de Dios.  (Romanos 12:19).

 

A pesar de que por lo general no veamos el castigo inmediato por cada pecado, el juicio final de Dios será una realidad, un hecho a consumarse.  (Apocalipsis 20:11-15).   Pero en el mientras tanto, nos corresponde a nosotros humanizar más este mundo y hacerlo más habitable, porque si el mundo está así tan contrariado y al revés, no es porque haya sido intención de Dios crearlo de esa manera, sino porque hemos sido nosotros los que los que así lo hemos hecho o permitido que así fuese.

God´s Justice - (II Last Part)

 

Based on 2 Peter 3:9

 

 

 

“The Lord is not slow in keeping his promise, as some understand slowness. Instead he is patient with you, not wanting anyone to perish, but everyone to come to repentance”. (2 Peter 3:9).

 

In the first part, we made mention of both injustices, social and ecological. Both mean a challenge for humanity; The cry of the land and the cry of the poor.

 

Men and women with moral sensitivity call for the justice of God, but we are perplexed when it does not arrive. But this is not a problem today, since, in ancient times, the father of faith, Abraham was outraged because God wanted to carry out the destruction of Sodom and Gomorrah and annihilate the unjust with the righteous. That is why his desperate questioning: “Will you sweep away the righteous with the wicked? What if there are fifty righteous people in the city? Will you really sweep it away and not spare the place for the sake of the fifty righteous people in it? Far be it from you to do such a thing—to kill the righteous with the wicked, treating the righteous and the wicked alike. Far be it from you! Will not the Judge of all the earth do right?” (Genesis 18: 23-25).

 

The pursuit of justice has been a recurring theme in Scripture. The wicked prosper and the innocent suffer. What an ambiguity. The characters and authors of the Bible have been struggling with this question since ancient times.

 

We have read to the extent that sin and human transgression are worthy of divine judgment. Why, then, do we not see more frequently that sinners receive punishment? It seems that they can easily escape their misdeeds with impunity. The wicked and the unjust prosper, enjoy health and possess wealth. Despite their violence, their arrogance, and their insolent defiance of God, they always try to get their way (Psalm 73).

 

No crack opens under their feet and swallows them, or any ray from heaven seems to knock them to the ground. It seems that God does not listen to the cry of the righteous, we become angry with Him. Perhaps we are demanding that He solve what we would have to solve? Could it be that we charge God that He is the one who does the justice that we do not have the freedom or the courage to do since it is God's own taking action? There are no easy answers to these harrowing interrogations.

 

On the other hand, the righteous are often beset by disasters and impiety. It is not only that God does not seem to protect them, but does not seem to answer their prayers or worry about their destiny. Many times we feel in need of a "Theodicy," a vindication of the righteousness of God.

 

In other words, if God from ancient times has been inactive against sin, it was not moral indifference but for His patience. Patience, which allows you to keep the door open for a little more opportunity: “The Lord is not slow in keeping his promise, as some understand slowness. Instead he is patient with you, not wanting anyone to perish, but everyone to come to repentance”.  (2 Peter 3: 9).

 

So while God in his patience temporarily left unpunished sins, He punished them with righteousness by condemning them in Christ. He demonstrated his righteousness by taking upon himself the punishment in the person of Christ (Acts 17:31). Now no one can accuse God of ignoring evil. No one can suppose moral indifference or injustice on your part. And he did it publicly, not only in order to be just, but also to see Him as just.

 

At the cross of Christ, the justice of God is shown with equal intensity, when judging sin, and his mercy, when justifying the sinner.

 

On the other hand, the way in which God will punish evil will be in the final judgment. “But because of your stubbornness and your unrepentant heart, you are storing up wrath against yourself for the day of God’s wrath…"  (Romans 2: 5).

 

Although those who commit iniquities are so confident, that place is more slippery than they realize. They walk on a tightrope and the day will come when they will fall crushed by the righteous judgment of God. (Romans 12:19).

 

Although we do not usually see immediate punishment for every sin, God's final judgment will be a reality, a fact to be consummated. (Revelation 20: 11-15).  But in the meantime, it is up to us to further humanize this world and make it more habitable, because if the world is thus so upset and upside down, it is not because it was God's intention to do so, but because we were the ones who have done so or permitted it to be so.

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