Libro de Daniel (II Parte) Soberanía de Dios


La soberanía de Dios


La tierra de Judá había capitulado ante Nabucodonosor rey de Babilonia y junto con los elegidos para ser llevados al exilio (ya que no todos fueron, muchos quedaron en la tierra devastada de Israel) fueron en ese entonces, el joven Daniel y sus amigos.


Dios ya había anticipado a Daniel que si su pueblo se olvidaba de él y transgredía el Pacto lo enviaría como cautivo a una tierra extranjera. Dios siempre avisa, Dios siempre revela lo que sucederá. Dios no se guarda nada para si antes de hacérselo saber a sus hijos. Dios siempre previene, advierte.


Cuando llegó el momento de la invasión, Daniel sabía muy bien que detrás de las tropas del rey Nabucodonosor, Dios estaba lidiando la marcha de la historia. Dios lo estaba permitiendo (no provocando).


Es esta clara visión de la soberanía de Dios lo que mantiene y sostiene a Daniel y a sus amigos dándoles fuerza y valor para enfrentar el gran desafío que se avecinaba. Ellos serían probados en su fe y convicciones, ya que en tierras extrañas con diferentes y desconocidas costumbres, otro idioma, creencias religiosas paganas y sin su Templo para adorar a Dios, seguramente sufrirían tentación, agregado a la presión que sostendrían de parte de un gran imperio como era en ese entonces, el babilónico. A pesar de ello, se mantuvieron firmes enfrentando el desafío pues sabían muy bien en quien habían creído (2 Timoteo 1:12).


Dios es soberano en nuestra vida


Aun cuando las cosas no salen como queremos o salen mal, Dios continúa siendo soberano y se ocupa de los caprichos o descuidos de las acciones humanas a fin de brindar lo mejor para sus hijos. A Daniel y a sus amigos seguramente les debe haber costado y dolido en gran manera el cambio de escenario, sin embargo, el Señor los fortaleció y los usó de manera poderosa.


Cuando enfrentamos pruebas, sufrimientos y oposición, cabe recordar lo que Dios hizo en la vida de Daniel como en la de otros profetas y personajes de la Biblia. Podemos estar seguros de que Dios continúa siendo nuestro Señor y que no nos abandona ni siquiera en medio de pruebas y tentaciones.


Dios dirige el curso de la historia


Muchas veces nos sentimos preocupados por un mundo y una sociedad confusa y sin rumbo, lleno de pecado, corrupción y violencia. Pero el mensaje del libro de Daniel es que a pesar de todo ello, confiemos, Dios sigue teniendo el control.


Dios ofrece un modelo a seguir a su pueblo del tiempo del fin.


Daniel y sus amigos son como modelos para la vida en una sociedad que posee una cosmovisión a menudo en desacuerdo con las Escrituras. Cuando ellos se vieron presionados a comprometer su fe y a tener que hacer concesiones al sistema babilónico (en cuanto a comidas, bebidas, creencias religiosas, etc.) que los induciría a negar su compromiso con Dios, permanecieron fieles a la palabra de Dios.


Esto nos alienta como cristianos a que toda vez que enfrentemos oposición e incluso persecución en favor del evangelio, sigamos siendo fieles a Dios.


Dios nos da sabiduría para enfrentar los desafíos del mundo y si alguno se considera que le falta pues “…que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. (Santiago 1:5).


Continuará

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