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Cuando los celos nos hacen perder la razón (Última Parte)


Cómo combatir los celos


En mensajes anteriores hemos venido analizando los celos en su versión negativa como en su versión positiva. Ahora en esta última sección veremos la manera de enfrentar y combatir los celos como emoción tóxica a fin de evitar que produzcan estragos en nuestra vida personal y de relación.


El paso primordial es la aceptación. Y esto ¿cómo lo debemos entender? Esto significa que debemos aprender a vernos y aceptarnos tal cual somos, con nuestras virtudes y debilidades, con nuestros logros, aciertos y equivocaciones, con nuestra apariencia física y no queriendo tomar el lugar de otro/a.


Significa ser “auténtico”. Es necesario reconocer y aceptarse a uno mismo entendiendo que Dios ha creado a cada uno como seres únicos e irrepetibles, con habilidades y desaciertos. Cada uno es un ser particular, no hay dos personas iguales. De la misma manera que en el mundo no hay siquiera dos personas con las mismas huellas digitales o el mismo iris del ojo, así somos de especiales y bien diferenciados.


Al reconocer que somos seres únicos e irrepetibles, debemos evitar caer en la “tentación” de querer imitar a otro. De nada servirá intentar emular fielmente a otra persona, pues ello provocará una baja estima por no cumplir con los estándares o con el modelo a imitar, y como resultado provocará un mayor celo, envidia y resentimiento. Y como consecuencia, un estancamiento en el desarrollo y consiguiente depresión.


Particularmente siempre me gustó el canto, lo siento como algo especial. Hay muchos cantantes que admiro y en mi fuero interno, me gustaría estar a la altura de alguno, pero reconozco y muy a mi pesar, de que no es mi don, pero por ello no voy a celar, o esforzarme en alcanzar lo inalcanzable consumiendo tiempo, esfuerzo y energías de balde, o desearle mal al que disfruta y tiene ese don.


Dios ha entregado a cada uno un “don” especial, solamente hay que descubrirlo. Y si no lo tenemos en claro, pediremos en oración al Espíritu de Dios para que nos los muestre. Al tener bien en claro cuál es nuestro don, sabremos y comprenderemos nuestra misión en este mundo y lo pondremos en práctica para la gloria de Dios y para el bien de la iglesia.

De esa manera ya no habrá más situaciones que nos lleven a “celar” (como el rey Saúl), ya que nuestra autoestima estará afianzada y estaremos seguros de nosotros mismos, de lo que valemos y de que somos “…más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:37). Ya no habrá necesidad de pretender ser otra persona ya que habremos aprendido a confiar en nosotros y aceptarnos tal cual somos.


“Si alguno de ustedes es sabio y entendido, demuéstrelo haciendo el bien y portándose con humildad. Pero si ustedes lo hacen todo por envidia o por celos, vivirán tristes y amargados; no tendrán nada de qué sentirse orgullosos, y faltarán a la verdad. Porque esa sabiduría no viene de Dios, sino que es de este mundo y del demonio, y produce celos, peleas, problemas y todo tipo de maldad”. (Santiago 3:13-16).

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