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Cuando los celos te hacen perder la razón (II Parte)


Incomprensibles Celos


En CELOS-I PARTE vimos que desde antes del comienzo de la vida como tal, los celos existieron. Con el correr del tiempo, esa tóxica emoción se ha ido acrecentando y enquistando en el ser humano. No ha dejado de ser, de preocupar y mayormente, cuesta refrenar.


Durante los años noventa, Phil Hartman era el conductor del programa más famoso de la televisión americana: Saturday Night Live, de la cadena NBC que hacía reír a millones de familias norteamericanas. Su estrellato era un hecho consumado, pues no solo era comediante, también era guionista, actor de voz, actor de televisión, de cine y de teatro. El camino hacia el estrellato y al éxito lo tenía asegurado. La vida le reía, estaba pasando por su mejor momento.


Casado con Brynn Omdahl, quien deseaba con toda su alma ser famosa, como él lo era. Ella era alta, simpática y una auténtica belleza, tomaba clases de teatro y seguía anhelando fervientemente convertirse en actriz. Su máximo deseo era brillar en alguna cartelera de Broadway o Hollywood.


Sin embargo, el destino no pensaba de la misma manera. Aunque se esforzaba, le faltaban oportunidades, mientras tanto su marido Phil, por el contrario, seguía coleccionando aplausos recibiendo un premio Emmy como guionista del programa.


Para ella estar en segundo plano, a la sombra de su marido, la inundó de celos, por más de que su marido la alentara y ayudase a fin de crecer profesionalmente. El tiempo pasaba y su marido seguía escalando puestos mientras ella, al quedar en el anonimato, iba tragando envidia, tornándose más y más celosa a cada paso.


Estas circunstancias la condujeron a celos incontrolables que la llevaron a refugiarse en el alcohol y al consumo de cocaína. Con el tiempo debió ser ingresada en un centro de desintoxicación en Arizona escapándose a los cuatro días. Toda esto no hizo más que profundizar el malestar y ensanchar la grieta matrimonial, provocando naturalmente un gran dolor a sus hijos.


Una noche salió a cenar con una amiga y cuando regresó a su hogar, estaba totalmente ebria producto de un cóctel de alcohol y antidepresivos. Pero esa noche, les esperaba una noche distinta, inusual. Fuera de sí cerca de las tres de la mañana, se dirigió al dormitorio donde descansaba su marido disparándole tres tiros, para finalmente con la misma arma terminar con su vida junto al cadáver de su esposo.


Producto de estos celos ambiciosos e incontrolables, una familia quedó destruida, quebrada, con dos niños sin sus padres con una vida llena de confusión e incertidumbre por delante.


Lamentablemente los ejemplos que hemos presentado no hacen más que certificar que estos dos verbos “celar y envidiar” han ido siempre de la mano, se llevan bien, se retroalimentan. Indefectiblemente cuando el primero aparece, el otro le sigue y acompaña el resto del camino hasta alcanzar su objetivo.


Pero te sorprenderá saber que no todos los celos son malos, pero esto será motivo de la III Parte.


Continuará…

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