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Equilibrio entre Servicio y Adoración

Actualizado: 6 dic 2023


Reflexión basada en Lucas 10:38-42


Marta y María, dos hermanas que recibieron a Jesús en su casa.


Cuantas veces nos pasa que queremos tener una “relación personal” con Dios y debido a nuestras obligaciones o actividades (reales o impuestas), nos impiden tomarnos un tiempo, un respiro para entrar en comunión con Dios. Quizás hayamos pasado por ese estadío, el de querer orar y adorar (como María) pero nuestras actividades son tal, que nos lo impiden (como Marta).


Pero vayamos a la reflexión de estas dos hermanas que bien pueden ser las nuestras.


Marta como buena anfitriona abre las puertas de su casa al “rabí” más famoso en esos tiempos y a sus seguidores, pero como no sabe si se va a quedar a comer o a dormir, despliega un sinfín de actividades a fin de que todo esté en orden para cuando él llegue.

Ante el trajín que se avecina, Marta considera que sería muy buena la ayuda de su hermana María (Marta es la mayor) y decide buscarla pero no la encuentra, la llama pero no aparece, hasta que decide ir a buscarla al salón principal y la encuentra, en medio de todos los hombres (cuando no era la costumbre judía de que las mujeres compartiesen tiempo junto a los hombres) escuchando lo que tenía que decir este maestro.


Marta utiliza todos los medios para llamarle la atención, carraspea, la mira fijamente, pero nada da resultado, María está absorta mirando y escuchando a Jesús. Llevada al “colmo” Marta irrumpe en la reunión y explica el indebido motivo de su irrupción, entendiendo que Jesús la comprendería y reprendería a María por estar ahí y no ayudándola. Sin embargo en vez de elogiar a Marta como anfitriona, la reprende con dulzura y le dice que María ha elegido “la mejor parte”.


De que Marta tenga el don de la hospitalidad y le haya abierto su hogar a Jesús, no significa que le haya abierto su corazón. En su ansiedad por servir a Jesús, casi pierde la oportunidad de conocerlo. Marta estaba ocupada en cada detalle de los quehaceres domésticos. Ella tenía que hacer lo mejor para Jesús.


Por supuesto todas estas idas y venidas no han sido escritas por Lucas. Solamente en la narración de cinco versículos la historia pude haber sucedido de esa manera.

La Biblia no habla mucho de María y de Marta. Se hace referencia de ellas en Lucas 10:38-42; Juan 11:1-44 y en Juan 12: 1-11


Es imposible estar en presencia de Jesús y no ser transformados.


Este es el relato de la Biblia de dos hermanas de Betania, María y Marta. Dos mujeres completamente diferentes. Dos mujeres que se transforman. La que es apocada cobra valor y la que es osada se vuelve mansa. Esto es lo que produce Dios en esa casa de Betania. Marta no deja a un lado su personalidad, ni renuncia a sus pasatiempos, ni quema sus libros de cocina para adorar a Jesús. No intenta ser igual a María, quien estaba muy atenta al maestro. Ella recibe la reprensión de Jesús y aprende que, así como hay tiempo para trabajar, también hay un tiempo para adorar.


Marta después de recibir la reprensión de Jesús, lo piensa y se da cuenta de su desacertada actitud. Ella comprendió la importancia de equilibrar su servicio con el tiempo dedicado a la adoración y la atención al maestro. La observancia, en este caso, se relaciona con aprender y aceptar la enseñanza de Jesús sobre la prioridad de la adoración y el tiempo dedicado a escuchar sus enseñanzas, algo que ella pudo haber pasado por alto anteriormente mientras estaba enfocada en sus labores domésticas.


La Marta que vemos más adelante en los Evangelios ya no es frenética ni resentida, sino llena de fe y confianza. La clase de fe y confianza que se logran solamente cuando pasamos un tiempo a los pies de Jesús.


Nosotros podemos llegar a caer en la misma trampa. Es posible que sintamos que debemos demostrar que amamos a Dios haciendo grandes cosas para Él. Así que pasamos de largo, a la carrera, la intimidad de la charla en la sala y nos preocupamos por trabajar para Él en la cocina: implementamos grandes ministerios y maravillosos proyectos con los que nos esforzamos por dar a conocer la Buenas Nuevas. Hacemos todas nuestras obras en su nombre. Lo llamamos “Señor, Señor”. Pero, al final, ¿Él nos conocerá, lo conoceremos? Jesús lo que quiere es una “relación personal” con Él.


Mientras el mundo anda convulsionado y vivimos diciéndonos o nos dicen: “Todo lo puedo en Cristo que nos fortalece” “esfuérzate y se valiente” nuestro Padre nos dice: estate un rato quieto, y conoce que yo soy Dios. Él no busca maravillas. Busca hijos e hijas: un pueblo en el cual pueda derramar su vida y lo escuche.


Cuando ponemos el trabajo antes que la adoración, ponemos el carro delante del caballo.


Cuando pasamos primero un tiempo en su presencia, cuando nos tomamos un tiempo para escuchar su voz, Dios nos da los “caballos de fuerza” que necesitamos para transportar aún la carga más pesada; nos prepara la montura de su gracia y nos invita a cabalgar con Él.


Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura (Mateo 6:33) Jesús nos dice que solo una cosa es necesaria en medio de todo el trajín que vivimos y ello se encuentra al sentarnos a los pies del Maestro.


Todo comienza allí mismo, en la sala, en silencio y escuchándolo hablar. Y aunque algunas veces sea muy difícil encontrar a Dios en el cemento, en el ruido, en la vorágine diaria y en los celulares y el whatsapp que no deja de enviar mensajes, siempre encontraremos un “rinconcito para la oración” donde tener intimidad y fortalecer nuestra relación con Él.


Hay transformación en la presencia de Jesús.


Tanto María como Marta, se transformaron en la presencia de Jesús. La intimidad con Él nos moldea y nos cambia y así fue como Marta aprendió a equilibrar el servicio con la adoración y María al sumergirse en la presencia de Jesús, encontró la paz, la sabiduría y la fortaleza espiritual para enfrentar los desafíos de la vida con una perspectiva renovada y una fe más arraigada.


Como prioridad, Jesús nos anima a buscar primero Su reino y Su justicia. Al buscar Su presencia y mantener una relación íntima con Él, todo lo demás en nuestra vida encuentra su lugar correcto.


Y tú, ¿qué parte eliges ser, la de Marta o la de María?

 

Cuestionario Personal

1. ¿Cómo relacionarías el equilibrio entre el servicio

y la adoración en tu vida diaria?

a) Dando prioridad al servicio práctico.

b) Encontrando momentos para la reflexión y la adoración.

c) Buscando un equilibrio entre ambos enfoques.


2. ¿Qué lección consideras más significativa

de la historia de María y Marta?

Pregunta abierta para comentarios.


3. ¿Cómo podrías aplicar la actitud de María y Marta

en tu rutina diaria?

a) Aprendiendo a valorar la escucha y la presencia.

b) Encontrando tiempo para el servicio y la acción.

c) Buscando un equilibrio entre la contemplación y la acción.


4. ¿Qué aspecto de la historia de María y Marta te desafía

más personalmente?

Pregunta abierta para tu reflexión personal.


5. ¿Cómo crees que el equilibrio entre el servicio

y la adoración puede impactar positivamente

en tu relación con los demás?

Pregunta abierta para tu reflexión personal.


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