La sujeción bien entendida (Reflexión)


Tanto el hombre como la mujer fueron creados para complementarse el uno con el otro. La intención de Dios en Su creación para la relación hombre-mujer fue una sola humanidad sometida y sujetada bajo Su soberanía.


La intención era una comunidad en la cual personas de los dos sexos (porque así nos creo Dios, hombre y mujer; varón y hembra, Génesis 1:27), pudieran relacionarse de igual a igual, que se complementen y sirviesen recíprocamente con el uso de sus dones y capacidades.


En este sometimiento, en esta sujeción, no hay tiranía, no hay despotismo, no hay injusticia, no hay autoritarismo, sino sometimiento y sujeción por y en amor, como Cristo se sometió al Padre en todo y como la Iglesia se somete en y por amor a Cristo.


En el caso de la sumisión entre esposos, es un ida y vuelta. Significa que voluntariamente si tengo más poder (en el sentido de tener mayor capacidad de obrar sobre una cuestión), en lugar de hacer lo que naturalmente haría, utilizándolo para someter, para hacer mi vida más fácil, o para enseñorearme sobre la otra persona para satisfacer mis deseos egoístas y espurios, lo utilizo en el temor de Cristo para servir, para beneficiar, para complacer, para acompañar y bendecir a la otra parte.


La sumisión lleva a la libertad, una libertad que ayuda a deshacerse del terrible peso y carga de que siempre se hagan las cosas a la manera de uno. El Hijo se sujetó en todo al Padre, respetó en amor la jerarquía; la Iglesia se somete a Cristo en un amor que le permite aceptar y crecer cada día más en santidad.


En esta nueva relación restaurada por Cristo, la sujeción y el sometimiento tanto para el hombre como para la mujer, deben ser vistos y entendidos como dedicación y entrega; no por obligación sino por y en AMOR.

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