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La Vida y su Fragilidad



Basado en: Santiago 4:13-14 – Salmo 90:10


“Ahora oigan esto, ustedes, los que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, y allí pasaremos un año haciendo negocios y ganando dinero», ¡y ni siquiera saben lo que mañana será de su vida! Ustedes son como una neblina que aparece por un momento y en seguida desaparece”.


“Setenta son los años que vivimos; los más fuertes llegan hasta ochenta; pero el orgullo de vivir tanto sólo trae molestias y trabajo.  ¡Los años pronto pasan, lo mismo que nosotros!


Introducción


En los pasajes de Santiago 4:13-14 y el Salmo 90:10, la Biblia nos presenta una profunda reflexión sobre la fugacidad de la vida humana. Nos compara con la neblina, que aparece por un momento y se desvanece sin dejar rastro.


Estos pasajes nos invitan a contemplar la fragilidad de nuestro tiempo en este mundo, recordándonos que la certeza de la muerte es una realidad inevitable para cada uno de nosotros. En medio de esta fugacidad, surge la necesidad de explorar la esencia de la vida y encontrar significado en nuestra existencia terrenal.


La Fragilidad de la Vida


La Biblia describe la vida por medio de metáforas de corta existencia.  Los escritores están conscientes que la vida aquí en la tierra posee sus tiempos de satisfacción y sus tiempos de sufrimiento.  Pero lo que más afirman con claridad es la brevedad de la vida.


Los seres humanos que no son creyentes igualmente se percatan de la brevedad de la vida, porque el ser humano es el único que sabe que morirá.  Esa muerte que tarde o temprano llegará le condiciona en buena medida.  Depende donde el hombre se encuentre parado en cuanto a convicciones, así será su respuesta: atea, agnóstica, existencialista, nihilista o deísta.


Pese a todo, la vida dada por Dios es bella en sí misma, opacada por el pecado sí, pero tiene sus destellos de gloria en la satisfacción de amar y ser amados; la experiencia única de convertirse en padres; disfrutar de salud, alimento, sueño, amistad, buenos libros, deporte, trabajo y otros; el apreciar las cosas bellas de este planeta; las flores, los pajarillos, el sol, los paseos al aire libre y el compartir con los demás. 


Estos destellos de la vida bella, aunque limitada, los pueden experimentar los que no son cristianos, pero lo cierto es que siempre tendrán un vacío en su interior y no encontrarán plena satisfacción.  El resultado será que muchos se vuelquen a los placeres legítimos e ilegítimos, a las acciones licenciosas, a los afanes de este mundo, aun así, lo que experimentarán será insatisfacción más que bienestar.


Los creyentes encontramos la verdadera felicidad, la satisfacción plena y el sentido de la vida en Cristo.  Tenemos las respuestas a las preguntas existenciales sobre la vida y la muerte, el sufrimiento digno y el sufrimiento indigno.  Enfrentamos con fe y esperanza las ironías y las injusticias de la vida; la enfermedad y la vejez; la agonía y la muerte.


Como dice Moltmann: “La vida es vitalidad humana y eso significa estar interesado y el interés por la vida le llamamos amor, se halla vida en el amor y por medio del amor vivifica toda la vida” (Moltmann, La Venida, 2004).


Pero todos los seres humanos sabemos que moriremos y ante esa realidad existen diferentes actitudes.  Los ateos y los materialistas dialécticos piensan que todo termina con la muerte; los agnósticos afirman que no se puede saber si habrá algo o no después de la muerte; otros creen en la reencarnación o la liberación del alma del cuerpo que vuelve al depósito de las almas preexistentes.  Contrario a esas posturas, los cristianos tenemos la esperanza de que la vida no termina con la muerte, sino que disfrutaremos de una vida transformada, plena y eterna.


Conclusión


En aquellos momentos en los que la sombra de la mortalidad puede parecer abrumadora, recordamos las palabras esperanzadoras de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Para aquellos que piensan que la vida se desvanece completamente con la muerte, animamos a considerar la promesa de Jesús de vida eterna para quienes creen en Él.


La fe en Cristo ofrece la certeza de una existencia más allá de este mundo, una vida transformada y plena. Si la duda y la incertidumbre te asedian, no temas pedir a Dios la guía y la fe necesarias para abrazar la esperanza que se encuentra en la creencia en Jesús como el camino hacia la vida eterna.


Nota de Rinconcito de la Oración


La introducción y la conclusión de este artículo son de mi autoría. El cuerpo principal se basa en el trabajo del autor Rigoberto Gálvez, cuyo texto se encuentra en su obra “Re Pensar la Escatología” (Editorial Clie, 2023), citado en las páginas 215-216.

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