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Pasión Abrasadora (III Última Parte)

Basada en Jeremías 20:9

Culminando con esta serie de mensajes, es inevitable dejar de mencionar al que vivió la mayor pasión (tanto en sentido positivo como negativo) por la humanidad; nuestro Señor Jesucristo, el consumador de la fe quien “…se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses 2:7-8).


Desde antes de la fundación del mundo su “derrotero” estaba marcado. Él sabía a lo que venía y lo que le esperaba cuando por propia voluntad optó entregarse en sacrificio vivo siendo Santo, para que cada uno obtenga el perdón del Padre y de esta manera, la vida eterna.


Cuando Cristo estaba a punto de encarnarse, en el borde del cielo, por así decirlo, le reconoce al Padre que su propio cuerpo era el sacrificio perfecto y santo que a Él le agradaría “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo…Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí”. (Hebreos 10:5-7).


Que el bendito ejemplo de Jesús y de los que se rindieron ante Dios sintiendo esa pasión abrasadora pueda ser la nuestra:


֎ en medio de las luchas,

֎ en medio de la incomprensión del mundo, de los sucesos adversos que nos rodean,

֎ que pueda encenderse esa pasión aún en medio del dolor y la enfermedad,

֎ en medio de la incertidumbre, del qué dirán, de no saber qué pasará en el siguiente instante,

֎ en tiempos de persecución, y mal trato.


Mantengamos esa pasión abrasadora, aunque muchas veces no comprendamos las Escrituras (en alguna oportunidad tampoco los profetas y los discípulos de Jesús la entendieron), pero sabiendo que es palabra de amor revelada del Padre para que sus hijos alcancen salvación.


Que esa pasión abrasadora nos dé la convicción de que Dios existe, nos escucha y se preocupa por nosotros. De que tiene todo bajo control y sabe por lo que cada uno pasa. Dios ve de manera integral nuestra vida. Nosotros, recordamos vagamente nuestro pasado, vivimos nuestro presente, pero desconocemos nuestro futuro, qué es lo que pasará el día de mañana, aún, el siguiente momento.


Mantengamos la esperanza y encendida la pasión por Jesús a pesar de lo que nos toque vivir (problemas de salud, económicos, laborales, relacionales, familiares, incertidumbre e impotencia como esta pandemia que asola al mundo entero, donde los afectos y su expresión han quedado “en suspensión” (como cuando en una película la imagen queda frizada).


Sigamos sintiendo esa pasión por Dios, por el Señor Jesucristo y por el Espíritu Santo. Que nada ni nadie nos detenga, aun en medio de tribulaciones y que por siempre esa pasión abrasadora nos lleve a proclamar: “Soli Deo Gloria” (Solo a Dios sea la Gloria).

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