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Ester, la joven judía que bajo el Imperio Persa se casó con el rey Asuero



Ester permanecía bajo el cuidado de Mardoqueo en el Imperio Persa, quien era uno de los prisioneros que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado desde Jerusalén al exilio. Mardoqueo había criado a su prima Ester como a su propia hija propia, ya que había quedado huérfana al morir sus padres.


En un momento del reinado del rey Asuero, este decidió hacer un banquete y estando su corazón muy alegre por el vino, ordenó que trajesen a la reina Vasti, pidiendo que debía asistir con toda su prestancia y luciendo la corona de reina para que la gente y los príncipes pudieran ver su belleza, pues era muy hermosa.


Pero ella no quiso obedecer la orden del rey en asistir al banquete. El rey se puso furioso y se encendió en ira por esa decisión ya que la reina Vasti no sólo lo había ofendido sino también a todos los invitados, a los jefes y a toda la población.

Por su desobediencia, el rey fue aconsejado de que Vasti ya no siga siendo más su reina, y que se busque otra reina que sea mejor que ella.


Josefo, el historiador judío, registra que el rey Asuero eligió un total de 400 mujeres vírgenes para completar el harem y actuar como candidatas para la nueva reina. Las mujeres tenían que someterse a un año de tratamientos de belleza antes de su encuentro con el rey y entre las elegidas estaba Ester, cuyo nombre hebreo era Hadassah, que era de muy hermosa figura, buen parecer y elegante.


Cuando llegó el turno de Ester para estar con el rey, ella ganó el favor del rey: "Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti”. (Ester 2:17).


La vida mientras tanto, continuaba en el reinado del rey Asuero, pero se armó un complot, una intriga organizada por Amán, quien se desempeñaba como el primer ministro persa, para matar a todos los judíos de la comunidad del Imperio. Por tal motivo, se emitió un decreto a todas las provincias que, en un día determinado (se echaría a “suertes” que en hebreo es purim), se ordenaría “…destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día…" (Esther 3:13). Esto por supuesto causó gran estupor, el pueblo quedó profundamente conmovido, y hubo gran luto entre los judíos (Ester 3:15; 4:3).


La ya reina Ester no sabía del complot contra los judíos, aunque ella lo descubrió cuando sus doncellas y los eunucos se lo dijeron. Así fue como su primo Mardoqueo le pidió "…que fuese ante el rey a suplicarle y a interceder delante de él por su pueblo”. (Ester 4:8)

Sin embargo, una ley impedía entrar en la presencia del rey sin ser llamado, y Ester no había sido invitada por el rey durante los últimos treinta días.


Pero en una gran muestra de fe, Ester accedió al pedido de Mardoqueo. Les pidió a los judíos que ayunaran por ella durante tres días mientras ella y sus damas también ayunaban, "…entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." (Ester 4:16)


Finalmente, en el día señalado, Ester se acercó al rey. Ella estaba literalmente arriesgando su vida. Sin embargo, Ester "…obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro”. Esto era una clara señal de que el rey aceptaba su presencia. (Ester 5:2)


Finalmente, el rey Asuero ordenó que se escribiera otro decreto para contrarrestar el primero. Este nuevo decreto les dio a los judíos el derecho a defenderse contra cualquiera que los atacara, tornando en alivio y gozo a los judíos de todas las provincias.


La valentía y la fe de Ester en Dios son un testimonio de la confianza que esta joven mujer tenía en el Dios vivo. Su vida es una lección sobre la soberanía de Dios sobre Su creación. Dios maniobra cada aspecto de la vida para posicionar a las personas, gobiernos y situaciones en Su plan y propósito, pues para “…los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. (Romanos 8:28)


Ella fue elegida reina para ese significativo momento. Ella fue fortalecida y estuvo dispuesta a interceder por su pueblo. Ella no se echó atrás o prefirió mirar para otro lado. Ester fue fiel en su obediencia, confió en Dios y se arriesgó con valentía, más allá de la vida que podía llegar a perder, trayendo vida, felicidad, alegría y regocijo para el pueblo de Dios.


Ester es un ejemplo positivo para las mujeres luchadoras, para aquellas que no se dejan intimidar, atemorizar o desalentar ante la adversidad, ni se rinden ni tiran la toalla ante el primer contratiempo.


Y por supuesto, es una guía y modelo para nosotras mujeres de fe que confiamos en un Dios Todopoderoso que es nuestro pronto auxilio en la aflicción, y aunque la tierra sea removida, y tiemblen los montes a causa de su braveza, Dios siempre será nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en medio de la tribulación.


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