¿Crees necesario razonar las Escrituras?



“Venid ahora y razonemos dice el Señor…”


Dios nos creó con la capacidad de pensar, de razonar.


Gran parte de las Escrituras nos llaman a reflexionar sobre lo que está escrito en ella, y estimula nuestros pensamientos y el razonamiento.


Cuando Jesús repite en tantas oportunidades la pregunta: ¿Qué te parece? (Mateo 14:25; 18:12; 21:28; 22:17; 22:42; 26:66 y otros) o la pregunta conexa: ¿No habéis leído? (Mateo12:3,5; 19:4, 21:16; 21:42; 22:31 y otros), quiere que usemos nuestra mente para entender a Dios y a su Palabra.


Si bien creemos entender a Dios adecuadamente y con sinceridad, debemos reconocer que nunca comprenderemos plenamente todo acerca de Él, porque “…mis pensamientos no son vuestros pensamientos…declara el Señor”. (Isaías 55:8). A fin de cuentas, somos seres creados. ¡No somos Dios!


Además, nuestro pensamiento se halla opacado y afectado por el pecado. Por lo tanto, es imprescindible llevar “…cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo…” (2 Corintios 10:5).


Si no estamos dispuestos a someter nuestros pensamientos a la autoridad de las Sagradas Escrituras, es muy probable que comencemos a juzgarla de acuerdo con lo que creemos que es razonable y verdadero, convirtiendo así nuestra razón en la norma tergiversando lo que “…escrito está…” (Mateo 4:4). De esa manera estaremos dándole una interpretación subjetiva errónea.


Probablemente, de esa manera se eliminará o pondrá en tela de juicio los milagros de la Biblia afectando verdades bíblicas como la doctrina de Dios y su naturaleza trina o la divinidad de Cristo, la personalidad del Espíritu Santo, la resurrección corporal de Jesús, la relación entre los seres humanos, el libre albedrío y la soberanía de Dios, por mencionar solo algunas enseñanzas.


Es por ello que Dios desea que la Palabra sea estudiada y razonada, no sea cuestión que por obviar ese paso “Mi pueblo (sea destruido) por falta de conocimiento”. (Oseas 4:6).


La palabra de Dios no es algo que se vive en el plano puramente emocional o por lo que gusta o deja de gustar, sino que debe ser comprendida, razonada y para ello es necesario, ser estudiada. De esa manera habrá algo de que gloriarse al estudiar Su palabra “…de que me entiende y me conoce…” (Jeremías 9:23-24).


La invitación de Dios está más que nunca vigente en estos días: “Venid ahora y razonemos dice el Señor…” (Isaías 1:18).

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