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La Esperanza Cristiana



Basado en: Apocalipsis 21:1-4


“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.

 

El pasaje de Juan describe la visión sobre el nuevo cielo y la nueva tierra, lugar donde Dios morará con su pueblo y todo será restaurado y renovado.  Ya no habrá lugar para el sufrimiento y la muerte. Es un hermoso retrato de la esperanza cristiana en el retorno de Cristo y el establecimiento de su Reino eterno.

 

Esta esperanza se fundamenta en la auténtica profecía del regreso de Cristo, como se describe en Hechos 1:9-11 “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.  (Hechos 1:9-11)

 

La resurrección de Cristo es el fundamento de la fe cristiana demostrando el poder de Dios sobre la muerte “…ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmo 16:10).  Y eso debe representar una esperanza de vida eterna para los creyentes.  Si Jesús no hubiese resucitado, hubiese sido un profeta más de su tiempo terminando todo con su muerte.  Pero no, ¡¡¡Él resucitó!!! prometiendo que estaríamos con él “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14:2-3) y de que no bebería “…más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga”. (Lucas 22:18)

 

Según relatan los Evangelios, Jesús durante su ministerio terrenal resucitó a tres personas: a la hija de Jairo ( Mateo 9:18-19, 23-25; Marcos 5:22-24, 35-43; Lucas 8:41-42, 49-56), al hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17) y a Lázaro (Juan 11:1-44), aunque ellos llegado su hora habrán muerto, pero Jesús es el único en haber resucitado mencionado en Lucas 24:6-7 y Mateo 16:21. Estos pasajes confirman la profecía de Jesús sobre su muerte y resurrección al tercer día, lo cual sienta las bases de la fe transmitiendo esperanza y sentido al cristiano. 

 

La esperanza innegable de la vida eterna en el Reino de Dios es una bendición. Esta vida eterna será con un cuerpo resucitado glorificado y esta tierra, donde vivimos ahora, será transformada y renovada.

 

La firme creencia en la resurrección de Cristo inspiró a los primeros cristianos a enfrentar situaciones adversas como la muerte con valentía y esperanza, sabiendo que al final de su padecimiento regresarían con su Señor.

 

Que esta esperanza bendita sea el fin principal tuyo y mío para así glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.

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