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Servir a Dios significa ¿dejar de lado el bienestar y las riquezas?

Basado en: Lucas 16:13

“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Lucas 16:13



No nos confundamos al leer este pasaje. El mismo no implica que dejemos de disfrutar de la comodidad, o la buena vida, o deleitarse con una comida en un lindo lugar, o tener un buen auto o una bella casa o irnos de vacaciones, o comprarnos cosas que nos gusten. Esto va más allá. Claramente quiere significar que debemos “reconocer y agradecer” que “todo” lo que tenemos proviene de la mano de Dios, por gracia recibida.


Implica que lo que tenemos no es por mérito propio (así trabajemos arduamente muchas horas al día y andemos de aquí para allá con nuestros negocios, trabajo, o estudios). Este pasaje claramente quiere hacernos reflexionar que todo lo que obtengamos y tengamos es gracias a Dios que lo permite y abre puertas a fin de lograrlo y conseguirlo.


Entonces ¿Cómo deberíamos comprender el pasaje y qué observancias cuidar?


1. El problema radica cuando “no se quiere reconocer, o se ignora, o se olvida” de que Dios es el artífice de cada beneficio. Si así fuese, Dios quedaría desplazado y olvidado y dejaría de ser el principal motivo de toda gloria, honra y alabanza de la cual solamente él es merecedor.


2. A su vez, se debería evitar caer en el egoísmo o en la avaricia. Dios nos enseña que de la misma manera que él tiene cuidado, compasión y misericordia por cada uno de nosotros (pecadores), así debemos tenerlo con el necesitado. Es necesario aprender a compartir lo que “materialmente” tenemos (y no lo que nos sobra) con el indigente y el desamparado, como el hecho de compartir “tiempo”. Esto tiene una doble lectura. Podemos llegar a compartir alimento, ropa, ofrenda, etc. como de la misma manera brindar desinteresadamente de nuestro tiempo al que necesite ser escuchado o bien compartir sus problemas, angustias y alegrías, como (a pesar del poco tiempo que tengamos), jugar con nuestros hijos, corregir o ayudarlos en sus tareas o explicarles algo que necesiten comprender o escuchar con atención a nuestro esposo/esposa cuando desee compartirnos algún tema en particular.


3. También deberíamos valorar y cuidar los bienes que Dios nos ha permitido obtener. En consecuencia, aprender a contentarnos y a disfrutar lo que tenemos siendo honrados e irreprochables administradores, como puede ser, comprar aquello que sea realmente necesario estableciendo prioridades. No endeudarnos por el mero hecho de “aparentar”, por “status” o porque sea la “moda”. Tener precaución al comprar financiado ya que los intereses suelen ser elevados, resultando en dificultad a la hora de pagar. Lo correcto sería no gastar más del ingreso existente.


4. El dinero producto del trabajo debe servir a la familia y no a la inversa. Muchos son los que se obsesionan con las riquezas sacrificando de esa manera a su familia y a los que lo rodean. No vale de esa manera el esfuerzo. El fin no justifica los medios.


Dios pondrá recursos en nuestras manos para que podamos y sepamos darle el uso apropiado. Seamos agradecidos con lo que tenemos y generosos con el necesitado. Dios es nuestro sustentador (Mateo 6:26; Filipenses 4:19; 1 Crónicas 29:12 y 16).


Recuerda, “…donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón…” (Mateo 6:21).


Dios es merecedor del primer lugar en todo. Dios es el artífice de todo lo que tenemos.

Reconozcamos sus beneficios y seamos siempre agradecidos, así sea por lo mucho o poco que recibamos, pero seamos siempre agradecidos con el Hacedor de la Vida y con el que ofrendó su vida sin merecerlo para salvación de todo aquél que en él cree, nuestro Señor Jesucristo.

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