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Tiempo de Esperanza



Basado en el libro de Ruth


Hay un momento propicio para todo lo que sucede bajo el cielo (Eclesiastés 3:1).


La noche lentamente va pasando dando lugar a un nuevo amanecer, un nuevo día. Y casi sin darnos cuenta el nuevo año llega como suave brisa trayendo un nuevo aire de esperanza.


Naomi (Noemí) y Ruth (la moabita) eran respectivamente suegra y nuera. Ambas estaban viviendo tiempos difíciles en lo social como en lo material en el lugar donde vivían, la tierra de Moab. Ambas eran viudas y la viudez en ese tiempo era sinónimo de pobreza y desgracia.


Naomi toma la decisión de abandonar los campos de Moab al enterarse de que el Señor había visitado a su pueblo Bet Lejem (Belén) y le había proporcionado alimento. De esta manera emprende el regreso en compañía de Ruth.


Cuando llegaron era la época de la cosecha de la cebada. Entonces Ruth se puso a recoger espigas en el campo, detrás de los que cosechaban, y tuvo la “suerte” de hacerlo en una parcela perteneciente a Boaz (Booz). Boaz era un pariente muy rico por parte del esposo de Naomi.


Boaz, al enterarse quien era Ruth y que había dejado a su padre y madre en su tierra natal para ir a un pueblo desconocido, la bendice diciéndole: “¡Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces”. (Ruth 2:12).


Dios, no las abandonó, no las dejó desamparadas, el auxilio vino prontamente pues “El Señor protege al extranjero y sostiene al huérfano y a la viuda…” (Salmo 146:9). Cuando Naomi se entera de lo sucedido a Ruth, exclamó “¡Bendito sea de parte del Señor, que no deja de manifestar su bondad ni a los vivos ni a los muertos!” (Ruth 2:20).


Dios guió los pasos de cada una de estas dos mujeres a fin de cumplir su plan, pues con el tiempo Ruth pasaría a formar parte del linaje de Cristo al ser “redimida” (según la Ley mosaica de acuerdo a Levítico 25:47-49) por Boaz (Mateo 1:5).


De la misma manera en que Dios rescató a Ruth, también lo hará contigo y conmigo, pues hay un plan personal aguardándonos. Naomi y Ruth confiaron en Él Dios de Israel y les llegó su provisión y su amparo. También sucede con los que aman y siguen al Señor, aunque muchas veces, signifique dolor el dejar atrás las “cosas antiguas”, el pasado (Job 11:16).


Esperemos con gozo, entusiasmo, valentía y ánimo todos los que aguardamos en el Señor (Salmo 31:24) la llegada de un nuevo año. Será un comienzo renovado, donde se nos presentarán oportunidades, sueños se concretarán, desafíos serán alcanzados, proyectos se llevarán a cabo, dolores quedarán atrás y habrá cambios que superarán nuestras expectativas al confiar en el Señor.


Nuevas puertas se abrirán y las que no valían la pena, se cerrarán. Llegan tiempos de renovación.


La esperanza ante la llegada de un nuevo año y ver nuestros deseos cumplidos serán como un árbol rebosante de vida, que dará fruto a su tiempo, cuyas hojas jamás se marchitan y todo cuanto hace prospera. (Proverbios 13:12, Salmo 1:3).


Desde nuestro espacio, les deseamos Paz, Salud y Prosperidad Espiritual para este 2022.


Sea el 2022 un año donde asumamos un verdadero compromiso en los asuntos del Señor Jesús.


Rindámonos a él en completa obediencia, más allá de nuestros propios deseos.


Que se concreten tus sueños como los míos en el Señor Jesucristo, el Hacedor de la vida.


¡Él nunca se tarda; siempre llega a tiempo!

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