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¿Cuánto sabes del tercer cielo?

Actualizado: 19 de dic de 2020

Basado en: 2 Corintios 12:2


“Nada se gana con hablar bien de uno mismo. Pero tengo que hacerlo. Así que ahora les voy a contar las visiones que tuve, y lo que el Señor Jesucristo me dio a conocer. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo”. 2 Corintios 12:2


En (2 Corintios 12:2) se menciona el “tercer cielo”. Por ello deducimos la existencia de un primer y un segundo cielo. Puede que el primero sea la atmósfera que rodea a nuestro planeta, mientras que el segundo sería el cielo estelar, el espacio exterior donde se cree podría haber unos cien mil millones de galaxias, donde se mueven en perfecta armonía los planetas, sería el espacio físico más allá de la atmósfera, y el tercero, el celestial, el lugar donde mora Dios (Mateo 6:9) y Jesús junto a los ángeles, los Serafines y los Querubines.


El tercer cielo es el lugar donde Dios ha establecido su trono “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos…”. (Salmo 103:19).


El pasaje nos relata que Pablo fue arrebatado hasta el tercer cielo “…donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.” (2 Corintios 12:4). Lo que Pablo escuchó no le fue permitido divulgar ya sea por tener cualidades excelsas o por ser muy sutiles o difusas. El apóstol Juan tuvo una experiencia similar en Apocalipsis 4:1 en la cual se basa la mayor parte del libro de Apocalipsis.


En Corintios 2:12, es muy probable que Pablo esté relatando su propia experiencia al referirse a “…hace catorce años…” tal vez una década después de su conversión. Él relata su experiencia en tercera persona para evitar jactarse. “De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí”. (2 Corintios 12:5-6). Él estaba dispuesto solo a jactarse en su debilidad. Pablo no acepta ninguna alabanza por sus revelaciones personales “Alábete el extraño, y no tu propia boca; El ajeno, y no los labios tuyos”. (Proverbios 27:2).


Pablo hablaba de sus experiencias espirituales solo cuando se veía obligado a hacerlo. Es claro que él, como muchos profetas del Antiguo Testamento, regularmente experimentaban visiones y revelaciones, mientras que algunos escritores judíos de los días de Pablo diligentemente cultivaban las experiencias visionarias con ayuno y privación del sueño, pero no hay indicación de que este fuese el caso, de que Pablo buscase visiones; más bien, “fue arrebatado”.


Algunos escritores griegos sugerían que uno debía escribir la experiencia de uno mismo como si fuera la de otro si se abochornaba de hablar de ella abiertamente.


El tercer cielo es el lugar del santuario celestial. Juan vio en visión el lugar santísimo del santuario “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.” (Apocalipsis 11:19).


Ahora que tenemos en claro a qué nos referimos cuando hablamos de los tres cielos podemos reflexionar sobre lo siguiente. Ciertamente Dios es omnipresente, lo cual significa que está en todo lugar al mismo tiempo, de modo que su presencia está en los tres cielos, pero su morada eterna es en el tercer cielo donde está el Templo Celestial.


No tenemos acceso al primer cielo, pero sí estamos en contacto con el mediante nuestro espíritu cuando elevamos nuestra oración a Dios. Solamente unos pocos han tenido el privilegio de ver algo del tercer cielo, pero mientras estemos con vida no podremos tener acceso por cuanto todavía estamos sujetos a corrupción y en el tercer cielo no hay corrupción, sino excelsa santidad.


Sin embargo llegará un día cuando estemos en el tercer cielo en la presencia misma de Dios y de Cristo para vivir por la eternidad. Será el mismo Cristo quien “…habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas…” (Hebreos 1:3). Jesús tomó lugar a la diestra del Padre que es el lugar de poder, como mano derecha de Dios.


Jesús está en el más santísimo de todos los lugares, en la morada de Dios, el Santuario Celestial y para siempre.


Él traspasó los cielos y cuando llegó, se sentó y Dios dijo: “Estoy satisfecho”. Mi Hijo, Jesucristo, consumó la expiación por todos los pecados de todos los tiempos para todos los que vienen a él por fe y aceptan lo que hizo por ellos.


¿Crees tú en el Señor Jesucristo?


¿Crees que entregó su vida voluntariamente para que tú un día estés en el tercer cielo junto a él?


“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Hechos 16:31

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